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jueves, 28 de abril de 2011

Aportes del Colectivo de Izquierda al 1º ENECPRRII

Aportes del
Colectivo de Izquierda
al 1º ENECPRRII


Encuentro Nacional de Estudiantes de Ciencia Política y Relaciones Internacionales
UBA, abril de 2011.



Intervención en el panel “Latinoamérica: Estado y crisis”

Volver a discutir el Estado

Fue tal la fuerza hegemónica de las políticas neoliberales en América Latina, que ellas impusieron también las formas y los límites para pensar la resistencia. Así, todo análisis de la complejidad de lo estatal cedió su lugar al resignado elogio de una política que ya no discutía más que en los márgenes. Desde las izquierdas acudimos en masa al recurso de dar por perdida la reflexión sobre el Estado y pasar a pensar en formas de lucha que se situaran por fuera, a veces de manera antagónica al Estado y muchas otras aspirando a ni siquiera tomar contacto con él, a pesar de la imposibilidad de esto en las sociedades modernas. No es aquí el lugar para detectar las incongruencias teóricas de esos proyectos ni de criticarlos desde otro momento histórico en que parece fácil detenerse en sus falencias. Pero sí cabe señalar que la fuerza del neoliberalismo estuvo en imponer los sentidos de la práctica política, los tonos de los discursos que podían decirse (y los que no).

Por fortuna, los tiempos han cambiado. Los pueblos latinoamericanos se levantaron y lograron importantes cambios, inscribiendo profundas modificaciones en las fisonomías de los Estados de la región. Con todas las particularidades que remiten a la historia específica de cada país, a los sectores sociales que se activaron, a su organización y capacidad de incidencia, y a otros tantos factores, se ha construido otro mapa político en la región, y eso debe ser celebrado. Y deben ser pensadas minuciosamente las consecuencias teóricas y políticas de este presente. El “retorno” del Estado es el gran saldo teórico de estos tiempos, que habilitan con ello a reflexionar sobre la necesidad de una instancia de articulación política, sobre su carácter contradictorio, y sobre sus límites y potencialidades para la construcción de estrategias políticas emancipatorias. Políticamente, asistimos a un momento histórico en la región. En toda su complejidad y en todas sus singulares expresiones, el proceso político contemporáneo es de una riqueza que costaría encontrar en la historia reciente de la región, al menos en las últimas cuatro décadas.

Por supuesto, es también complejo y contradictorio, y en ese marco los proyectos populares avanzan, pero también encuentran escollos. Ello supone la existencia de señales confusas, de procesos profundamente plagados de tensiones, en fin, de una sustantiva incomodidad para encontrar la claridad que brindaran las ideas preconcebidas. Por todo ello, es importante asistir a esta época y protagonizarla, señalar y debatir incansablemente las críticas y la necesidad de profundización. En un contexto de una rica y variada activación popular plasmada de modo complejo y contradictorio en los gobiernos de la región, es imperioso no caer en la histórica tentación de ponerse por fuera del proceso histórico real, ni lamentarse del hecho de que sería más fácil hacer política si las cosas fueran más claras.

(Martín Cortés)


Entrevista a Atilio Boron

P: ¿Qué aportes se están haciendo hoy desde las ciencias sociales, y desde la ciencia política en particular?

Atilio Boron: Creo que habría que hacer una distinción de lo que serían, por un lado, las corrientes que constituyen el mainstream, es decir, las corrientes hegemónicas en el mundo de las ciencias sociales, y por el otro, lo que podríamos ubicar en los márgenes o fuera de esa corriente, que es lo que yo llamo el pensamiento crítico. Si vamos a analizar las primeras, es decir, las expresiones del pensamiento más convencional, me parece que no ha habido un aporte demasiado significativo para la comprensión de lo que está pasando en América Latina.
El mainstream ha insistido mucho en los temas de carácter institucional, que no voy a negar la importancia que tienen, pero me parece que son visiones muy fragmentadas, fragmentarias, y parciales de la realidad. No es para minimizar la importancia del perfeccionamiento institucional, pero me parece que cuando eso lo ubicamos en el cuadro más específico de los procesos emancipatorios que hoy están en curso en América Latina, no es mucho lo que nos aporta para comprender esos fenómenos.


Lo mismo sucede con el énfasis puesto en los partidos políticos, en la dinámica partidaria, que nuevamente, es importante, pero si analizamos los casos más interesantes hoy de América Latina, donde están pasando cosas, por ejemplo la experiencia de Venezuela, Ecuador y Bolivia, en esos tres casos, nada de lo que dice la teorización tradicional acerca de los partidos políticos tiene mucha relevancia.

P: ¿Qué lugar le ocupa hoy a los intelectuales en América Latina?

AB: Creo no hay un solo lugar. Me parece muy buena la concepción de Noam Chomsky, quien entiende que el papel del intelectual es decir la verdad y denunciar la mentira. Creo que esto es una guía muy clara, decir la verdad siempre y denunciar la mentira siempre te coloca en una posición muy incómoda con el poder. En países como la Argentina, decir la verdad en la década del setenta costó la vida de mucha gente. Osea que decir la verdad no es siempre sencillo. Además lleva a enemistarse con los factores de poder, no sólo con el Estado, sino también con el establishment económico, lo cual hace que el intelectual que opte por decir la verdad y denunciar la mentira sea una especie de paria en su tierra, que de alguna manera es la condición en la que se encuentra gran parte de los intelectuales en Argentina. El mundo de lo privado ofrece una alternativa que muchos han recorrido, teniendo así a los grandes medios de comunicación a su favor y alcance. En otros países esto se complementa con una atracción de los intelectuales desde el Estado.
En definitiva, no se debe estar muy lejos del poder, ni muy cerca, porque sino no se lo puede interpelar. Es un juego muy delicado que no todos los intelectuales pueden resolver muy adecuadamente y eso es un problema serio en un continente como este que está muy influido por las modas intelectuales, producto de esta larga historia colonial que tenemos. O se es muy dependiente del Estado y allí no se puede ser crítico del gobierno, o dependiente de los privados quedando en una posición de complicidad de sus fechorías. Por ello el espacio de los intelectuales queda muy acotado.

Palabras hacia el Taller “Nuevos abordajes de la Ciencia Política: Ecología Política”

En las últimas décadas, la problemática ambiental se ha hecho presente en todas las dimensiones de la política. Al mismo tiempo, su impacto en las reflexiones de las ciencias sociales aparece marcadamente difuso, y resulta especialmente indeterminada, ante la falta de referencias teóricas establecidas.

La particularidad de la especie humana, en el conjunto de la naturaleza, es que las determinaciones más generales de sus relaciones con el medio natural están constituidas y mediadas por relaciones de poder, es decir, son primordialmente de naturaleza política.

En el actual momento del capitalismo, los conflictos medioambientales y las nuevas formas de resistencias sociales cobran relevancia frente a la globalización del comercio y la lógica del modelo de acumulación capitalista, que ponen un eje fundamental en la especialización productiva de los territorios y la extracción de recursos naturales. De esta manera, las actuales discusiones sobre la integración regional, las relaciones internacionales y el propio análisis de políticas públicas, contienen una dimensión medioambiental ineludible.

Esta paulatina introducción de los conflictos naturales en la agenda política, junto a los cambios denotados propios del proceso de globalización nos exigen revisar los cambios en la conformación tanto del Estado como de los diversos espacios de problematización social, al tiempo que nos enfrenta a comprender las nuevas articulaciones que se desarrollan entre ambos.

Hay quién propone a la Ecología Política como el estudio de los conflictos de distribución ecológica, siendo, por lo tanto, una conjunción de perspectivas de la Economía Política y de la Ecología Humana (Joan Martínez Allier). Otros, en cambio, la asimilan a un diálogo tenso entre Historia y Biología, y localizan su reflexión en el espacio que se refiere más propiamente a la tradición del campo antropológico (Arturo Escobar). Desde nuestro punto de vista, la reflexión de la Ecología Política sería mejor formulada como problemática de la Ciencia Política, en tanto en el centro de la relación Sociedad - Naturaleza está el Poder.

En este marco de múltiples miradas, se propone a la Ecología Política como un espacio de encuentro de diferentes campos intelectuales, no tanto como una nueva sistematización disciplinaria, sino como un diálogo plural entre tradiciones científicas, reflexiones del pensamiento social y recuperación de prácticas históricas de actores y movimientos sociales y políticos.

(Tamara Perelmuter y Carla Poth)



Entrevista a Federico Schuster

P: ¿Cuáles son los desafíos de la Ciencia Política hoy?

Federico Schuster: La Ciencia Política es una disciplina que se consolidó en su desarrollo teórico y metodológico durante la segunda mitad del siglo XX. Desde una perspectiva conductista y empirista evolucionó progresivamente hacia un abordaje más complejo de los hechos. Sin embargo, su institucionalismo por momentos extremo no le ha permitido ver muchas veces la importancia de los procesos sociales que están a la base o interactúan con los políticos. En tal sentido, ese es un desafío presente de enorme importancia, el de poder vincular lo que acontece en el terreno de las instituciones políticas con los hechos y procesos sociales. Acciones colectivas y movimientos sociales, por ejemplo, son actores ya políticos ya de impacto político. Una teoría más compleja y una mayor apertura a los resultados de la Sociología resultarán necesarios para comprender y explicar los procesos sociales de influencia política.

P: ¿Cuáles son los problemas o limitaciones de la Ciencia Política para enfrentar esos desafíos?

F.S.: Hay tres limitaciones que afectan a la Ciencia Política para enfrentar esos desafíos. La primera ya ha sido mencionada más arriba y tiene que ver con ser una disciplina que tendió a restringir en sus análisis empíricos (y en su teoría empírica, por supuesto, aunque no necesariamente en su teoría filosófica) el concepto de política a aquello que cabe en las instituciones. Con centro en el estado y los partidos políticos (incluyendo formas y procesos, como régimen de gobierno, elecciones, etc.), en general ha tenido a los sindicatos como límite con el orden de lo social. Es necesario entonces asumir un uso más amplio de política, para incluir los procesos sociales de contenido o influencia política. Lo que nos lleva a la segunda limitación, que no es exclusiva de nuestra disciplina, sino de todas las ciencias sociales. Se trata de pensar espacios disciplinares más abiertos, donde las fronteras entre las disciplinas no sean absolutas. En la teoría, muchos autores lo han planteado amplia y claramente (quizás los trabajos de I. Wallerstein sean de los mejores ejemplos en tal sentido) y en la práctica muchas veces se hace de hecho, pero en general las disciplinas sienten la necesidad de cerrarse sobre sí para defender su identidad. Es entendible, pero el resultado puede ser muchas veces negativo. Finalmente, y de algún modo en relación con las limitaciones anteriores, debe decirse que la Ciencia Política ha tendido muchas veces a definir a la política como un subsistema social, aislándolo del conjunto de las relaciones sociales. Esto es parcialmente cierto, por la creciente diferenciación racional a que condujo el desarrollo capitalista del siglo XX, y que ha sido vastamente teorizado y estudiado. Sin embargo, transformar el análisis razonable de un proceso de complejización creciente y hasta un aislamiento analítico de los factores (subsistemas o esferas) en ese proceso, en una cosificación de las diferencias convierte al tal proceso complejo en una simplificación excesiva.


Algunas palabras para facilitar el Taller:
“Otra orientación para las orientaciones:
repensando las Relaciones Internacionales”

¿Qué son las relaciones internacionales? Una primera respuesta es: son las relaciones inter-nacionales, entre naciones, es decir, entre Estados-nación. Es algo obvio pero no es un dato menor. La actual forma de encarar las RRII es poniendo el foco en el estudio de los Estados-nación en el marco global. El problema es que al ser el Estado el punto de partida, se pierde la posibilidad de poner en cuestión de dónde sale ese propio Estado, y qué tipo de relación éste tiene con, por ejemplo, la sociedad civil y la economía global. Estas no son cuestiones que las RRII tengan intención de abordar; más bien, son dejadas para la sociología y para la economía, y todo lo que tenga que ver con la crítica es desechado hacia la filosofía política.

Desde esta base se desprende el tipo de estudios que encara esta disciplina: a) el eje de análisis se construye sobre los conflictos internacionales, entendidos éstos como conflictos entre Estados, que deben tener respuestas desde los Estados; b) la sociedad civil (por ejemplo, las empresas transnacionales o las organizaciones sociales) aparece con un rol secundario en el análisis, y no se explica cuál es la relación entre ésta y el Estado: ¿se trata de una relación interna ? ¿o una afecta externamente al otro? Más bien se quedan con la segunda respuesta; c) el estudio de las instituciones internacionales parece ceñirse a la ONU, sin ver las nuevas instituciones que hoy pueden ayudar a explicar el momento de la globalización capitalista; d) la crisis internacional es desatendida, y si aparece es como algo negativo que debe ser resuelto por la economía (claramente, desde los Estados); e) también la integración regional es explicada como una cuestión de Estados, perdiendo la dimensión social de los procesos, la cual sólo aparece como inputs para la política exterior.

Las RRII parecen entonces no brindar las herramientas para analizar la política internacional más allá del Estado-nación. Probablemente, unas RRII críticas deberían poner en cuestión la propia existencia de esta disciplina como separada del resto de las ciencias sociales, intentando tener su propio objeto de estudio, y sin ver la relación interna entre los conceptos.

Es por eso que proponemos algunas preguntas disparadoras:
1) ¿se puede pensar desde las RRII la actual coyuntura latinoamericana? ¿por qué?
2) ¿sirven las herramientas que hoy se brindan para comprender el momento de la acumulación global del capital?
3) ¿qué nuevas perspectivas podrían ser incorporadas para ampliar el foco de esta disciplina?

(Luciana Ghiotto)

Intervención en el Panel
¿Qué ciencia para qué política?
Un debate epistémico.

Recuperar hoy el legado de Maquiavelo y Gramsci

Si Nicolás Maquiavelo y Antonio Gramsci resultan pensadores clásicos de la política, ello se debe a que -parafraseando a Italo Calvino- “no han terminado de decir aquello que tenían para decir”. Ambos continúan hablándonos, aunque no tanto sobre su época como acerca de la nuestra. Siguen formulando interrogantes y sugiriendo problemas en torno a nuestro presente, que sólo nosotros, desde éste hoy tan complejo y dramático, podemos responder. Sus ideas, por lo tanto, siguen motivando a la reflexión y a la acción, pero especialmente a una recuperación de su herencia que lejos de resultar pasiva y literal, debe ser ante todo crítica y militante. Una relectura que a la vez apele a un riguroso ejercicio de traducción, en el sentido etimológico y polisémico de este término: simultáneamente remite a tradición (vale decir, a rescatar del olvido), a traición (la cual resulta siempre implícita y hasta necesaria en toda interpretación) y transición (hacia algo renovado que escamotee la mecánica repetición).

En primer lugar habría que decir que si a grandes rasgos en la larga tradición de la teoría política han existido y existen dos visiones generales y contrapuestas -las que apuestan a perpetuar el orden social y aquellas que se inclinan por una construcción política alternativa y crítica de lo existente- tanto Maquiavelo como Gramsci se ubican claramente en la segunda perspectiva. De ahí que podamos llamarlos a ambos filósofos de la praxis, esto es, pensadores revolucionarios que amalgamaron teoría y acción, análisis exhaustivo de la realidad y proposición apasionada de cómo trascenderla. A contrapelo del sentido común dominante en la academia, que nos pretende enseñar a un Maquiavelo y un Gramsci científicos y desvinculados del “deber ser”, fríos analistas de las sociedades de su época, es preciso recuperar a estas figuras en todas su dimensión. El propio Gramsci llegó a expresar que El Principe no constituía un tratado escolástico y que el elemento “racional y doctrinario” no resultaba el único ni el principal a destacar de la obra maquiaveliana. Por el contrario, en sus póstumos Cuadernos de la Cárcel afirmó que se debía entender a aquel libro como “viviente”, en la medida en que lograba fusionar de manera original el sentir y el saber, la febril pasión y la reflexión crítica, la ciencia y la política, el mito movilizante y la capacidad de análisis histórico. Por ello no temió en considerar a Maquiavelo como el verdadero fundador de la filosofía de la praxis, en la medida en que logró articular dialécticamente teoría y práctica, crítica y propuesta, pensamiento y actividad transformadora, anhelos y estrategias para concretizarlos en la realidad.

A Gramsci le parece fundamental no omitir la faceta militante y crítica del florentino. La obra de Maquiavelo, a contrapelo de las erróneas lecturas de su época, no constituía un inmoral recetario de consejos para Príncipes gobernantes, sino un discurso crítico con respecto a estas prácticas. Irónicamente, se podría afirmar que Maquiavelo es “anti-maquiavélico”: da a conocer los artilugios y secretos de cómo dominan y construyen su poder los sectores gobernantes. Entonces la pregunta que cabe hacer es ¿para quién escribe Maquiavelo? Gramsci responderá que le habla y escribe a los que “no saben”, es decir, al pueblo emergente en aquella coyuntura histórica tan particular. Su propósito último era lograr la unidad territorial y política de su país, a través de la formación de un Estado secular moderno, que discipline tanto a los nobles feudales como a la Iglesia, conformando en paralelo un ejército no mercenario y de tipo nacional. Y la figura que debía realizar tamaña tarea se encarnaba en el “Príncipe”.

Pero además, Gramsci postula que más allá de los siglos transcurridos, el dotar de cohesión nacional a los sectores populares constituye una tarea aún pendiente. Sin embargo, dirá, esta labor ya no puede realizarla una persona o individuo (el Príncipe), sino que debe ser encarada por una organización colectiva. Y en el contexto contemporáneo en el que él escribe, y desde la perspectiva emancipatoria, los grupos subalternos a los que se debía unificar eran la clase obrera del norte de Italia, y los campesinos del mezzogiorno. Así pues, el rol prioritario de este Príncipe Moderno era romper el aislamiento en el que se encontraban sumidos los sectores populares a lo largo y ancho de Italia, dotándolos de cohesión y fortaleza ideológica y política. Y dentro de él, los “intelectuales orgánicos” están llamados a articulanr sus conocimientos teóricos (en tanto “especialistas”) con su capacidad organizativa (de dirección política y cultural). Pero este tipo de intelectual debe poder combinar dialécticamente este saber con el sentir popular, de manera tal que se vaya configurando una nueva concepción del mundo, opuesta a la dominante. En última instancia, para Gramsci de lo que se trata es de articular la sana espontaneidad de las masas, con la dirección consciente que aporta esta intelectualidad crítica, que desde ya no opera como un agente externo a los sectores en lucha, sino en tanto núcleo inmanente y de avanzada que contribuye a dotar de mayor coherencia y organicidad a los diversos grupos que pugnan por trascender el orden social capitalista. Recuperar hoy este legado, implica repensar el vínculo entre ciencia y política en los términos de un necesario análisis crítico de la realidad, que no se desvincule de la vocación transformadora que debe motivarnos a actuar sobre ella para trascenderla, desde una perspectiva emancipatoria y en diálogo permanente con los sectores subalternos que pugnan por construir un mundo más justo.

(Hernán Ouviña)

viernes, 12 de junio de 2009

Debates - Ciencia y principio precautorio

Para compartir y reivindicar en nuestro trabajo. Ciencia y Etica.
http://www.pagina12.com.ar/diario/universidad/index.html

Por Norma Giarracca y Enrique Matías Viale *

Ciencia y principio precautorio

Hace unos días, el Comité Nacional de Etica en Ciencia y Tecnología (Cecte) recomendó al Ministerio de Ciencia crear una comisión para analizar los múltiples aspectos relacionados con el uso del glifosato. El debate se generó porque un científico de UBA y Conicet difundió resultados de su investigación en embriones sobre los efectos dañinos del agroquímico. La Cecte propuso abrir una segunda comisión, diferente de la que debería funcionar en el Ministerio de Salud, originada por solicitud presidencial. Es decir, en estos momentos estarían por funcionar dos comisiones en dos ministerios elaborando información y recomendaciones sobre el uso del glifosato. El primer interrogante que surge es por qué las autoridades gubernamentales, que deben constituirse como garantes de la salud y el bien común, permitieron que pasara tanto tiempo y tantas denuncias judiciales para realizar lo que ameritaba hacerse antes de poner el agroquímico (y todo el paquete tecnológico sojero) en producción. Y si esto vale para todos los funcionarios técnicos de gobierno (INTA, INTI, Secretaría de Agricultura, etc.), es todavía más significativo en el caso de los miembros del sistema científico, donde circula vasta bibliografía que señala daños de los agroquímicos en general y del glifosato en particular. Es más, llama mucho la atención que en el informe enviado por la Cecte al ministro Barañao se mencionara como “bibliografía” la que prueba la “inocuidad” del glifosato y como “denuncias” (restándole status científico) las que señalan los daños del agroquímico. Llama la atención que los funcionarios y hombres de ciencia de la Cecte hayan procedido de esta forma en Argentina, uno de los 19 países del mundo que produce soja y uno de sólo cinco que lo hace en gran escala, colocándose así en situación de grave peligro ambiental. Habría que interrogarse por qué funcionarios y científicos interpretan una pieza clave del derecho ambiental, el principio precautorio, al revés de lo que ocurre en sociedades responsables e informadas.
El principio precautorio, incorporado en nuestra legislación a través del artículo 4 de la ley nacional 25.675, establece que en caso de ausencia de información o certeza científica y ante la posibilidad de que se produzcan daños graves e irreversibles deben adoptarse medidas eficaces para impedir la generalizada degradación del ambiente, sin importar costos o consecuencias. La rama del derecho que enmarca este principio es el derecho ambiental, que es dinámico y objeto de re-interpretación al compás de los progresos del conocimiento. Es evidente que, cuando se autorizó y comenzó a utilizar el glifosato, se estaba al menos frente a una incertidumbre científica, que disparaba la aplicación del principio. Pero se autorizó y podemos suponer que estábamos en tiempos en que sólo se respetaban las leyes del “mercado”. Pasado todo este tiempo de aplicación y tras la aparición de numerosos trabajos de médicos, estudios sociales rurales, informes de ingenieros agrónomos preocupados por las poblaciones y la vasta bibliografía internacional de las “ciencias duras” involucradas y, lo que es aún más importante, de las reiteradas y coincidentes denuncias de comunidades y organizaciones sociales en distintas provincias, quedan pocas dudas de lo que sucede.
Algunos conocedores del derecho ambiental consideran que en nuestro país el principio precautorio se encuentra perversamente subvertido. En lugar de que la ausencia de certeza científica genere la obligación de aplicar medidas preventivas, la falta de certidumbre es utilizada para “legalizar” la mayoría de los agroquímicos que se usan en forma generalizada en nuestros campos. Peor aún, se les exige a las comunidades perjudicadas por estos químicos que carguen con la ciclópea tarea de acreditar científicamente su peligrosidad, cuando, por aplicación del principio señalado junto con otros principios ambientales, son los que introducen la sustancia química en la sociedad quienes tienen la responsabilidad de probar irrefutablemente su inocuidad. En materia ambiental, la prevención tiene una importancia superior a la que tiene en otros terrenos, ya que la agresión al ambiente y los seres humanos se manifiesta en hechos que provocan un deterioro, la mayoría de las veces, irreversible.
En definitiva, se produce “una inversión de sentido” como mecanismo de producción de “ausencias” –de víctimas y del drama social– en la agenda de discusión y toma de decisiones políticas. En Patas para arriba, Eduardo Galeano escribe sobre Alicia en el País de las Maravillas para interpelar estos núcleos de sentidos invertidos por la colonialidad del poder. “Si Alicia renaciera en nuestros días –sostiene– no necesitaría atravesar ningún espejo: le bastaría con asomarse a la ventana.” ¿Es posible en la Argentina actual modificar lo que Alicia podría ver por la ventana del campo argentino? Deseamos que sí y creemos que sólo la política, representada en los tres poderes de la Nación, puede lograrlo.

* Giarracca es profesora de Sociología Rural en la UBA; Viale preside la Asociación Argentina de Abogados Ambientalistas.

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“Lo que sucede en Argentina
es casi un experimento masivo”

Hace dos semanas denunció en Página/12 los efectos devastadores del compuesto herbicida sobre los embriones humanos. Esperaba una reacción, “pero no tan violenta”: fue amenazado, le armaron una campaña de desprestigio y hasta afirmaron que sus investigaciones no existían. Carrasco contesta y renueva sus cargos contra las multinacionales químicas.
Por Darío Aranda

Amenazas anónimas, campaña de desprestigio mediáticas y presiones políticas fueron algunas de las consecuencias de un doble pecado, investigar los efectos sanitarios del modelo agropecuario y, más grave aún, animarse a difundirlos. En el segundo piso de la Facultad de Medicina de la UBA trabaja Andrés Carrasco, profesor de embriología, investigador principal del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) y director del Laboratorio de Embriología Molecular. Con treinta años de trabajo científico y académico, confirmó hace veinte días el efecto letal del glifosato en embriones, cuya marca comercial más famosa es Roundup, de la multinacional Monsanto. Sabía que vendría una réplica del sector, pero no esperaba que fuera de un calibre tan alto. “No descubrí nada nuevo. Sólo confirmé lo que otros científicos descubrieron”, explica, en su oficina pequeña y luminosa. Pasaron dos semanas complejas, con una campaña de desprestigio que aún no termina. Prefirió el silencio y avanzar en nuevas pruebas. Hasta que pusieron en duda la existencia de su investigación. “Creen que pueden ensuciar fácilmente treinta años de carrera. Son hipócritas, cipayos de las corporaciones, pero tienen miedo. Saben que no pueden tapar el sol con la mano. Hay pruebas científicas y, sobre todo, hay centenares de pueblos que son la prueba viva de la emergencia sanitaria.”

Veinte días atrás, cuando este diario difundió su investigación, ninguna empresa ni medio del sector retomó el tema. Pero tres días después se conoció otro hecho, inesperado: la Asociación de Abogados Ambientalistas presentó un amparo ante la Corte Suprema de Justicia, por el cual solicitó la prohibición de uso y venta hasta tanto no se investiguen sus efectos en la salud y el ambiente. Las empresas encendieron luces amarillas y comenzaron con comunicados, alarmadas por la posible baja de rentabilidad. Cinco días después, el lunes 20, el Ministerio de Defensa prohibió la siembra de soja en sus campos, haciéndose eco del efecto nocivo del agrotóxico. Fue un hecho político inédito, una cartera nacional alertó sobre los males de los agroquímicos. En ese momento, empresas, cámaras del sector, medios de comunicación y operadores políticos declararon el alerta máxima. Nunca antes las multinacionales del agro y sus voceros habían reaccionado tan violentamente. Durante toda la semana montaron una campaña en defensa de los agrotóxicos y, al mismo tiempo, de desprestigio hacia las voces críticas. El temor de los sostenedores de los agronegocios es la prohibición de su agrotóxico más famoso, uno de los químicos emblema del modelo agropecuario actual.

Glifosato, toxicidad y reacciones

–¿Esperaba una reacción como la que se dio?
–No. Fue una reacción violenta, desmedida y sucia. Sobre todo porque no descubrí nada nuevo, sólo confirmé algo a lo que otros habían llegado por otros caminos. Por eso no entiendo por qué tanto revuelo de las empresas. Hay que recordar que el origen del trabajo se remonta a contactos con comunidades víctimas del uso de agroquímicos. Ellas son la prueba más irrefutable de lo que yo investigué con un sistema y modelo experimental con el trabajo de hace 30 años, y con el cual confirmé que el glifosato es devastador en embriones anfibios; aun en dosis muy por debajo de las usadas en agricultura, ocasiona diversas y numerosas deformaciones.
–¿Los resultados son extrapolables a la salud humana?
–Los modelos animales de vertebrados que hoy se usan en la investigación embriológica tienen una mecánica del desarrollo embrionario temprano y una regulación genética común. Los resultados deben ser considerados extrapolables cuando un impacto externo los altera. El mundo científico lo sabe, y funcionarios de los ministerios también. Por eso, cuando encontré esas evidencias surgieron dos cuestiones a resolver, cómo seguir la investigación para saber cuál es la mecanística de un efecto que altera la forma normal del embrión, lo cual está en marcha. Y la otra decisión era cómo darla a conocer.
–¿Por qué la difusión se transforma en un problema?
–Porque no hay canales institucionales confiables que puedan receptar investigaciones de este tipo, con poderosos intereses en contra. Entonces la decisión personal fue hacerla pública, ya que no existe razón de Estado ni intereses económicos de las corporaciones que justifiquen el silencio cuando se trata de la salud pública. Hay que dejarlo claro, cuando se tiene un dato que sólo le interesa a un círculo pequeño, se lo pueden guardar hasta tener ajustado hasta el más mínimo detalle y lo canaliza por medios para ese pequeño círculo. Pero cuando uno demuestra hechos que pueden tener impacto en la salud pública, es obligación darle una difusión urgente y masiva.
–¿Es una práctica común dar difusión a un avance científico antes de estar publicado en una revista científica?
–Es algo totalmente común. En el país hay instituciones que todos los días difunden sus progresos científicos, que hasta poseen agentes de prensa que difunden los avances; nadie los cuestiona y los medios de comunicación los replican sin preguntar. Difunden progresos, sin papers, sin publicaciones y está muy bien. Pero claro, esas difusiones no afectan intereses de grupos poderosos.
–Pero existe una tensión en el ámbito científico sobre cuándo dar a conocer un avance.
–La tensión es si la divulgación debería esperar a ser “aprobado” (remarco las comillas porque es todo un tema aparte, que lleva años). Ahora, si la investigación tiene implicancias más allá de lo académico, afecta a la sociedad, el dilema moral es si me lo guardo hasta que termine el más mínimo detalle y mi narcisismo esté satisfecho, o prendo el alerta. Yo decidí dar la alerta, e insisto en que no es nada nuevo, hay antecedentes claros como Robert Belle y Gilles-Eric Seralini, que han hecho estudios con otros modelos, publicados, y con resultados más importantes que los míos. Lo que tendrían que hacer las instituciones, en vez de atacarme, como está sucediendo desde algunos funcionarios y las empresas, es informarse y comenzar a trabajar para remediar lo sucedido.
–Las empresas, y los medios, de los agronegocios sostienen que no hay estudios serios.
–Hay investigaciones en diversas partes del mundo y son muy serias, como las que acabo de mencionar. Las empresas y sus periodistas empleados descalifican una investigación, pero al mismo tiempo no escuchan la catarata de cuadros médicos palpables en las zonas sojeras; las provincias están plagadas de víctimas de agrotóxicos, pero ahí los diarios no quieren llegar, y mucho menos las empresas responsables. No entiendo por qué mi relato tiene más importancia que el de las Madres de Ituzaingó (barrio de las afueras de Córdoba, emblema de la contaminación con agroquímicos). Los médicos de las provincias están desde hace años denunciando, los campesinos y las barriadas urbanas también. Y queda todo silenciado. Es una evidencia de la realidad y es incontrastable. Yo me inspiré en esa realidad y los resultados son los conocidos. Las empresas del agro, los medios de comunicación, el mundo científico y la dirigencia política son básicamente hipócritas respecto de las consecuencias de los agrotóxicos, protestan y descalifican una simple investigación pero no son capaces de observar las innumerables evidencias médicas y reclamos en Santiago del Estero, Chaco, Entre Ríos, Córdoba y Santa Fe.
–¿Qué otros trabajos existen?

–Belle y Seralini en Francia. También hay trabajos de la Universidad Nacional del Litoral y de investigadores como Alejandro Oliva, de Rosario, que contó con la colaboración del INTA y Federación Agraria. Hay relevamientos de los doctores Rodolfo Páramo (Santa Fe) y Darío Gianfelici (Entre Ríos). No son muchos estudios, pero existen, son serios y están disponibles.
–¿Por qué el sector científico no estudia?
–Porque no en todo el mundo hay tan enorme cantidad de hectáreas con soja como se da en la Argentina. Hay casi 18 millones de hectáreas. Desde el punto de vista ecotoxicológico, lo que sucede en Argentina es casi un experimento masivo.
Las corporaciones y la ciencia

–Se intentó deslegitimar su investigación diciendo que la UBA y el Conicet no sabían de su trabajo.
–La UBA y el Conicet son organismos de gestión, no tienen por qué conocer todo lo que hago yo o lo que hacen todos sus investigadores. Está dentro de nuestras facultades definir las líneas de trabajo, investigar y dar a conocer resultados. Es la lógica de la investigación. Por eso yo no tengo que pedir autorización para iniciar una idea o un tema nuevo y ellos no tienen por qué conocerlo, porque la ciencia no funciona con organismos fiscalizadores de los temas que elegimos. Forma parte de la libertad académica, nos movemos por hipótesis, preguntas y desarrollamos investigaciones. También se dijo que el Conicet, como institución, no suscribió a mi investigación. Y es verdad, porque no se lo pedí y no tiene por qué suscribir en el marco de una idea nueva dentro de la amplitud de un proyecto. Es lo que sucede en centenares de investigaciones que se realizan. Que quede claro, el Conicet no tiene responsabilidad sobre mis decisiones. Es una decisión personal, como corresponde, no institucional. Y está dentro de mis facultades. Tampoco se requiere autorización institucional para desarrollar investigaciones, aunque sabemos que algunas son más resistidas que otras.
–Son públicos los convenios entre Conicet y la minera Barrick Gold, y también con Monsanto, con la cual hasta contaban con un premio de investigación conjunto (“Animarse a Emprender”). ¿Las investigaciones que pudieran ser críticas con esos sectores son menos bienvenidas que otras?

–(Sonríe.) Prefiero no responder.

–¿Usted podría investigar para Monsanto?

–Desde ya. El Conicet y la UBA lo permiten. Es más, muchos científicos trabajan desde hace años para empresas de biotecnología bajo la figura de asesor-consultor, por la cual el Conicet permite hasta doce horas semanales que sus investigadores provean servicios al sector público o privado.

–Se acusa a su investigación de no estar validada en una publicación científica.

–Es una chicana barata, de cuarta, que sólo muestra el temor de las empresas. En el mundo científico es sabido que la validación de un trabajo no se da por su publicación en una revista del sector. Es más, los científicos somos testigos de errores e incluso fraudes que se publican en revistas especializadas. Muchas veces se publica algo y luego se demuestra que es erróneo. Y, por otro lado, muchas veces hay investigaciones que no se publican no porque sean malas, sino porque a la revista no le interesa, sea por línea editorial o intereses en juego. Un ejemplo personal: en 1984 descubrimos genes muy importantes para el desarrollo embrionario, genes Hox. Publiqué dos papers en Cell, una de las mejores revistas del mundo, y había quienes creían y quienes no. Tuvieron que pasar años para que la comunidad científica lo validara.

–El Laboratorio de Embriología es dependiente del Conicet. ¿Su trabajo tiene que ser validado por el Conicet?
–Que por favor quede claro, ni el Conicet ni un comité editorial validan investigaciones, lo que hacen es evaluar la evidencia que uno presenta y juzgan la solidez desde la presentación. No tienen forma de verificar los resultados en forma práctica. La única certeza de una validación se da en que otros investigadores puedan repetir de forma sistemática, y hasta perfeccionada, los resultados de la investigación realizada.
–¿Cuándo va a compartir su trabajo para ponerlo a discusión de la comunidad científica?
–En breve. Debo terminar algunos ensayos y estará listo. Lo que más quiero es pasárselo a colegas, investigadores que repliquen el trabajo. De hecho ya lo he compartido con pares del país y del exterior. Desde ya que debieran ser estudios independientes, no los provistos por las corporaciones o espacios del Estado a su servicio.
–¿Monsanto podría replicarlos?
–Si contrata investigadores idóneos, sí. No tengo dudas de que lo hará y todos sabemos a qué resultados llegarán.
–¿Cómo continuará la investigación?
–Ya confirmamos las malformaciones. Ahora estamos avanzando en conocer cuál es el mecanismo de acción, es un paso más. Como es un trabajo científico, continuaré con el grado de libertad académica de que dispongo, tratando de ver cuáles son las causas mecanísticas y moleculares de las observaciones hechas para publicar los resultados. Aparte del anfibio, que nos sirve de modelo, extenderemos los experimentos a otros modelos de desarrollo embriológico, como aves.
–¿Puede suceder que, con estas nuevas pruebas, los resultados difundidos –de malformaciones– no se repitan?
–No hay forma. Porque fueron experimentos controlados, en los que fuimos rigurosos. Y, además, porque ya hay evidencia científica que va en ese sentido. Por eso, insisto, no descubrimos nada nuevo. Yo llegué a un resultado y creo en él. Si la comunidad científica llega a otra conclusión, bienvenido sea. El centro del problema no debiera ser esta investigación. Sería querer tapar el sol con la mano. Yo sólo aporté un punto más a la discusión. Pero hay sectores que quieren cerrarla, ni siquiera por convencimiento ideológico, sólo por conveniencia económica.
–Se acusa a su trabajo de usar un método erróneo con el glifosato, y que por eso los resultados son devastadores: que las concentraciones de la experimentación nunca son las que eventualmente podría recibir un humano al ser aplicado en el campo. Hubo quien mencionó que “si ponemos gasoil en el vaso de leche, claro que ocasionará intoxicaciones, y no por eso se prohibirá el combustible”.
–Ese tipo de afirmación tienen varias facetas. Por un lado, muestra desconocimiento biológico, lo cual es entendible para quien no se dedica a esta rama de la ciencia. Pero, en boca de los voceros de las corporaciones, también muestra una intencionalidad lejana a la inocencia, con intenciones de desprestigiar una estrategia de análisis mundialmente aceptada. Entonces sí me parece una comparación poco seria, maliciosa e hipócrita. Es sabido, tanto en la comunidad científica como en el sector agropecuario, que la aspersión del herbicida afecta ecosistemas, operando directa o indirectamente sobre insectos y otras especies animales cuando se ponen en contacto con el herbicida. O sea que además de células vegetales, también afectan organismos compuestos por células animales. Nuestros experimentos alertan que tanto el cóctel comercial como la droga pura en células animales generan alteraciones del desarrollo embrionario. Por lo tanto el glifosato dentro de la célula embrionaria altera el funcionamiento celular, tal como sucede en las células vegetales de las malezas. Por otra parte, ya está probado que los herbicidas se trasladan por la acción del viento. Es una prueba de la realidad, incontrastable, el padecimiento de familias de campos linderos y de barrios cercanos a las fumigaciones. Por lo tanto, el glifosato puede atravesar barreras respiratorias y/o placentarias y entrar a las células embrionarias, incluso existen avances científicos en esa dirección, como también existen registros de glifosato y de sus posibles metabolitos presentes en mujeres embarazadas. Esto podría correlacionarse con potenciales efectos malformativos. Por lo tanto, desentrañar si el glifosato puro inyectado tiene efectos sobre el comportamiento de células embrionarias animales durante el desarrollo era ineludible en una estrategia experimental correcta, e insisto que utilicé una estrategia de análisis clásica de la investigación científica.
–¿Cree que hay que prohibir el glifosato?
–En mi trabajo yo no planteo eso. Y no es de mi competencia proponer una medida de ese tipo. Lo único que afirmo, respaldado en 30 años de estudio en la regulación genética embrionaria, es que este producto genera alteraciones en el desarrollo, estoy seguro de eso.
–Sus resultados no se corresponden con la clasificación del Senasa o las recomendaciones de la Secretaría de Agricultura.
–Es un claro problema de ellos, que lo clasifican como de baja toxicidad. Todo lo contrario de lo que afirman estudios diversos, que confirman la alteración de mecanismos celulares y, sobre todo, contrario a lo que padecen familias de una decena de provincias. Es de locos pensar que no pasa nada.
Fuente: Página 12

sábado, 29 de noviembre de 2008

¿Querés una beca? - Opinión de Hernán Vanoli

Universidad|Página 12| Martes, 25 de Noviembre de 2008

Opinión

Por Hernán Vanoli *

Lo anunciaban los volantes, las cadenas de mails y el boca a boca que se iba expandiendo en las aglomeradas tardes de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA. El organizador del evento, Gustavo Moscona, y el grupo de sociólogos, artistas visuales y activistas culturales que conforman el colectivo Sociología Contraataca presentaban en el aula Kosteki-Santillán el happening titulado ¿Querés una beca? ¡Chupame un huevo!. Más allá de que en los últimos tiempos los estudiantes de Sociología hayan empezado a acostumbrarse a la presencia de diferentes jornadas, performances e instalaciones desplegadas en aulas, pasillos y otros lugares antes impensados para estas propuestas, la irreverencia del título del happening, que cifraba una suerte de "trauma colectivo" compartido tanto por aspirantes como por becarios, y la promesa de enunciar esos rumores no siempre dichos tanto sobre los mecanismos de selección como sobre los modos de producción de conocimiento habilitados por las becas, generaba una expectativa singular.
Aula de planta baja, quizá la más grande del edificio de Marcelo T. de Alvear 2230, con la capacidad colmada. Algunos ubicados en sus pupitres, brazos cruzados y miradas atentas. Otros, sentados en el suelo. Muchos más, de pie, cerca de la puerta por la que cada vez se hacía más difícil pasar. Los anfitriones, disfrazados con guardapolvos blancos, intentaban poner orden y repartían globos a los asistentes, pidiéndoles que los inflasen y arrojaran cuando llegase el turno de las modelos. Se sabe que la significación social de cualquier manifestación artística está investida por sus condiciones de recepción y por su circulación. En este sentido, e incluso antes de que el happening hubiera empezado, el clima que se respiraba anunciaba la posibilidad de estar frente a un hecho histórico para la facultad.
El primer acto consistió en una teatralización de la instancia de evaluación de las becas. Diferentes arquetipos de estudiantes se acercaban al escritorio donde un desopilante evaluador los sometía a un cuestionario y los desestimaba. Empezaron a escucharse las primeras risas y aplausos. Pero el público casi no tuvo tiempo de asimilar el número: a partir de ahí, el happening funcionó sobre la base de un encabalgamiento de situaciones que, desde diferentes perspectivas, escenificaban las tensiones existentes entre las becas entendidas como formas de vida y como sistemas de exclusión, como dispositivos de investigación y como máquinas de afectar a los cuerpos que circulan por la institución universitaria. La beca, muchas veces, como objeto de deseo, ideal a seducir.
El subtítulo del happening lo anunciaba: no es un happening, es la beca. La beca tiene muchas facetas, es un objeto complejo. Fue así que hubo un imperdible diálogo entre el becario que trabaja en el extranjero y su novia abandonada en Buenos Aires, monólogos y actuaciones brillantes, modelos que posaban y eran fotografiadas en honor a la beca, un mural pintado en vivo, un video con un sentido homenaje a Haroldo Conti, e incluso la disruptiva presencia de los cuerpos subalternos interrogando por la función y la pregnancia política de la investigación social. En las casi dos horas que duró el evento, el intercambio con las reacciones del público no dio respiro, y más allá de algunas lagunas, el saldo fue una suerte de catarsis donde pocos dejaron de sentirse interpelados.
Quizás uno de los mayores aciertos del happening haya sido la batería de preguntas que quedaron instaladas. El recorrido estilo varieté y el uso de un lenguaje familiar y cotidiano demostraron que, sin necesidad de recurrir a una proclama, el grupo encabezado por Moscona logró reflexionar sobre un tema candente en la vida cotidiana de muchos estudiantes. Y, en el contexto donde fue realizado el happening, la propuesta constituyó un verdadero acontecimiento político cultural. Las múltiples actividades de este colectivo, por ahora, pueden seguirse en el blog sociologiacontraataca.blogspot.com.
* Sociólogo, escritor y becario.

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miércoles, 27 de agosto de 2008

Debates - Ciencia y técnica: problema estructural

Grupo de Gestión de Políticas de Estado en Ciencia y Tecnología (CyT), con la adhesión de más de 1.600 Personas y 89 Instituciones (ver en www.saic.org. ar , difusión, política científica, propuesta de política de Estado en CyT).

PROBLEMA ESTRUCTURAL

La emigración de personas con formación científica y/o tecnológica, conocida popularmente como 'fuga de cerebros' o 'fuga de saberes', constituye uno de los problemas estructurales del sector CyT.

Un estudio del Instituto de Economía Aplicada de la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales (UCES) del año 2006 decía que en condiciones normales se van del país, por año, 7700 personas altamente calificadas. De ellas, 1600 son universitarios y más de 6000 técnicos y terciarios (1).

El problema parece estar extendido en Latinoamérica, como surge de una entrevista reciente (10-06-08) que le hizo el periodista Julián Bruschtein al experto chileno, Dr Miguel Rojas-Mix (2).

Ahí, el Dr Rojas-Mix dice: ' ... Por ejemplo, en Haití el 84 por ciento de los profesionales formados por la universidad se van a trabajar afuera. Y son profesionales cuya formación ha pagado el país más pobre de América, esto quiere decir que un país pobre está subvencionando a los países ricos con materia gris. Por eso hay que dar un salto muy importante hacia adelante para retener a nuestros profesionales. Hoy en día empieza a haber en Europa una carencia de generaciones jóvenes universitarias que ocupen puestos profesionales, y por eso tiende a recuperar de España y América latina esos profesionales que les hacen falta. En EE.UU. hay una situación parecida, porque allí hay una cooptación de profesionales que vienen de la periferia enorme: hay más médicos de Ghana en EE.UU. que en el continente del que provienen, y Africa sí que necesita médicos'.

La emigración de RRHH calificados puede ser voluntaria o involuntaria. La voluntaria no se puede evitar, pero la involuntaria se genera por la falta de oportunidades en el propio país, y es lo que se debe resolver.

Por otra parte, cualquiera sea la causa, las emigraciones son muy costosas para el país que los formó (educación primaria, secundaria, universitaria, doctorado, posdoctorado) , y que luego no los puede retener.

Se podrá pensar que ésto es una circunstancia coyuntural de los países subdesarrollados. Sin embargo, no es así. Los países desarrollados tienen políticas de Estado para apropiarse de los RRHH calificados. Y no desde ahora, sino desde hace bastante tiempo.

Como ilustrativo veamos un fragmento de un discurso de la década del 60´ en donde Dean Rusk, entonces Secretario de Estado del gobierno de John Kennedy, decía al Congreso norteamericano: 'Nuestro país posee la rara oportunidad de atraer inmigrantes de gran inteligencia y capacidad de otros países. Si es bien administrada, la inmigración se podrá transformar en uno de nuestros más importantes recursos nacionales' (3). Obviamente, se refiere a los recursos nacionales de los norteamericanos.

Las cosas son claras y si no se las resuelve, no nos irá muy bien.

Planes como el 'RAÍCES' del Ministerio de CyT en 5 años sólo han conseguido repatriar alrededor de 300 investigadores. Esto significa que, aunque bien intencionado, es insuficiente.

El problema de la emigración es estructural, y si no se plantean soluciones alternativas se va a agravar.

En efecto, veamos ahora un ejemplo de lo que puede llegar a pasar con los becarios (investigadores en formación) del CONICET, y analicemos lo que se avecina.

Becarios
En el año 2002 la edad promedio de los investigadores del sector CyT era muy alta (52 años).

El CONICET, como parte de su política institucional para resolver el problema, empezó a incorporar más becarios e investigadores a sus planteles. Así, a partir de 2003-2004, los ingresos de becarios pasaron de 500 a 1500/año, y de investigadores de 150 a 500/año. Esta política continúa vigente.

La medida de las autoridades del CONICET fue correcta, pero no fue acompañada por medidas a nivel nacional que permitan absorber RRHH que, luego de finalizadas sus becas cuya duración máxima es de siete (7) años, no van a poder ingresar al CONICET como investigadores.

En efecto, con un ingreso anual de 1500 becarios y 500 investigadores, si hacemos las cuentas, a partir de 2010 / 2011 van a empezar a quedar afuera del CONICET alrededor de 1000 becarios por año.

La pregunta es: ¿qué va a pasar con ellos ?. Seguramente algunos irán al sector privado, otros a diferentes Instituciones de CyT y otros emigrarán, porque no hay infraestructura para incorporar a todos.

Y debemos tener en cuenta que ese 'excedente' de 1000 becarios es el mínimo, porque otras instituciones como el INTA, las Universidades, la Agencia Nacional de Promoción CyT, Fundaciones, Ministerio de Salud, etc, también otorgan becas y, aunque desconocemos las cantidades, es un indicio de que el problema va a ser, aún, más grave.

Por eso oportunamente sugerimos a las autoridades del Ministerio de CyT, de las Universidades Nacionales y de las Comisiones de CyT de Diputados y Senadores la generación de Foros PERMANENTES de discusión de problemas estratégicos del sector CyT, con una agenda de reuniones periódicas en donde se podrían tratar, entre otras cosas, los problemas estructurales del sector CyT y así poder generar propuestas para resolverlos.

No tuvimos eco, pero esperamos que en algún lugar se esté pensando en eso, porque las emigraciones involuntarias siguen su curso y el porvenir cercano para muchos jóvenes, lamentablemente, no parece auspicioso.

Entendemos que el problema de las emigraciones no es de fácil solución y que, además, excede el ámbito de un Ministerio, pero se lo debe afrontar e intentar resolverlo. Peor es esconderlo, o negarlo.

REFERENCIAS

1.- UCES: http://www.clarin. com/diario/ 2006/03/19/sociedad /s-04415. htm

2.- Rojas-Mix: http://www. pagina12.com. ar/diario/ universidad/ 10-105766- 2008-06- 10.html

3.- Osvaldo Sunkel (economista chileno) en: 'La Universidad latinoamericana ante el avance científico-técnico; algunas reflexiones'. Página 81 del Compilado de Jorge Sabato publicado como 'El pensamiento latinoamericano en la problemática ciencia-tecnologí a-desarrollo- dependencia'. Buenos Aires, octubre de 1975.


Nota: para incorporar o remover su mail de la lista, o comunicarse, enviar mail a grupogestion1@ yahoo.com. ar . Si Ud no recibe los textos que difundimos, puede verlos en: www.grupogestionpol iticas. blogspot.com .

Cordialmente, Grupo de Gestión:
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Este texto se difunde a: Presidencia de la Nación, Jefatura de Gabinete, Ministerios de Educación, Salud, Defensa, Cancillería, Ciencia y Tecnología, Ministerios de Salud Provinciales, ANMAT, Diputados y Senadores Nacionales, Legisladores y Funcionarios Provinciales y C.A.B.A., Academias Nacionales, Instituciones del Sector CyT (INTA, INTI, CNEA, CONICET, SEGEMAR, CONAE, CITEFA, INIDEP, SENASA, INA, ANLIS-Malbrán, UTN), Facultades de Universidades Nacionales, ONG, Laboratorios de PPMV, etc).

lunes, 21 de enero de 2008

Debates 2 (aporte 3): Ciencia y universidad

REPERCUSIONES TRAS LA ENTREVISTA A LINO BARAÑAO EN PAGINA/12

La ciencia de la polémica

Las definiciones del ministro de Ciencia despertaron el debate. La dicotomía entre las ciencias “duras” y las “blandas”, la prioridad en la investigación, el objetivo del nuevo Ministerio son algunos de los tópicos puestos en la mira. Aquí, cuatro nuevos aportes a la discusión.

Por Jorge L. Seghezzo *

Publicado por Página 12, Sección Ciencia, lunes 21 de enero de 2008.

Métodos y sociedad

La entrevista al ministro de Ciencia y Tecnología y las notas posteriores me generaron dudas, preguntas. Pero, fundamentalmente, me hacen reflexionar acerca de la necesidad y oportunidad de que se desarrolle un debate público. Las discusiones especializadas son interesantes y provechosas, pero en una sociedad como la nuestra, golpeada, crédula, desconfiada, debilitada, con un país que cayó tan profundamente, con una relación poco clara entre ciencias, conocimientos y sociedad (y los que estamos en el campo de ciencia, tecnología y universidad somos parte de esta sociedad débil), una discusión abierta y tolerante podría ser positiva. Más allá de mis acuerdos o diferencias con cada una de las personas que exponen, pretendo contribuir a que al lector interesado, no necesariamente experto, le llegue la dimensión e interés del tema.

La palabra ciencia suele tener diferentes acepciones poco concordantes, aun dentro del campo del saber. A veces se usa la palabra ciencia con el sentido histórico de “conocimiento”. Por otro lado, entre científicos “duros” y sociales suele haber una desconfianza, rémora de los propios orígenes y de las condiciones sociales en las que se produce, usa y consume el conocimiento científico. Cada científico, cientista social, filósofo, o lo que fuere, podría sentir que lo que hace es una contribución al saber universal. Pero funcionamos en un mundo que valoriza al conocimiento por el poder que da, y no al conocimiento en sí mismo. Si nos preguntamos sencillamente, qué, para qué, para quién, es inmediato que la “Ciencia” no está desligada de los intereses, de la dominación. No es mala la clonación, como tampoco lo fue la investigación nuclear de Fermi. Pero después de Hiroshima tenemos derecho, y obligación, de ser mucho más cuidadosos.

Propongo un grupo de conjeturas razonables, para reflexionar, reconociendo al otro, admitiendo lo que somos como miembros de un área de la sociedad, aceptando lo que anda mal, en el conocimiento y en el país, como un paso necesario para mejorar nuestro futuro.

1 El conocimiento organizado tiene una larga tradición, pero es aceptable que el sentido de la ciencia tal como hoy la conocemos, comienza con Galileo (1583-1652), Descartes (1596-1650), Bacon (1561-1626). ¿Por qué? Porque rompieron con la tradición, se separaron de La Autoridad como criterio de verdad, inauguraron la necesidad de contrastación de las ideas respecto de la “realidad”, y todo ello con acciones concretas, no sólo como enunciados.

2 Esa forma de denominar, ciencia, y el sentido que hoy le damos se refiere no sólo a la organización y seriedad de los conocimientos sino esencialmente al método que se usa en la producción. Dentro del campo científico no hay verdades indemostrables, no vale la autoridad como criterio de verdad, se utilizan hechos observables para obtener regularidades en comportamientos, en general se elaboran hipótesis de trabajo, se extraen consecuencias y predicciones, y el conjunto forma un cuerpo de conocimiento ordenado y sin grandes contradicciones internas, llamado teoría, o corpus teorético. La validez de ese grupo de conocimientos se ata a la verificación experimental, es decir, la teoría predice algo que luego se contrasta con la realidad. Si hay discrepancias, la teoría es falsa, errada. Si acuerda teoría con experiencia se la acepta hasta que haya otra mejor. Es decir, nos referimos a un método. El método científico. En algunos campos del conocimiento pueden convivir varias teorías que explican al mismo grupo de realidades, en otros no hay contraste posible, hay creación de posibles realidades. También es cierto que, como la ciencia es cosa de humanos, a veces las teorías que se contraponen son la expresión de diferentes grupos que compiten. Por otro lado decir método científico hace pensar que es un conjunto de reglas válidas para todo tipo de áreas de estudio, cuando en realidad es una forma general con criterios básicos comunes, pero con diferencias específicas.

3 La ruptura de Galileo con sus predecesores estriba en que él, más que otros, no aceptó la autoridad de nadie como criterio de verdad, el único juez válido fue la comprobación experimental. Cuestionó que se acepte la palabra de alguien por quién sea ese alguien, y no porque lo que diga sea válido. (Hasta ese momento Aristóteles y el Papa tenían la razón y Galileo no era nadie.) Hay que reconocer que la posición endeble de Galileo no lo era sólo por razones religiosas y de poder, sino porque en la sociedad de aquel entonces la duda sobre cosas importantes no era saludable expresarla. Se obedecía y creía en la palabra de los que “sabían”.

4 La situación cuatrocientos años después parecería ser totalmente diferente. Las ciencias están separadas, aparentemente, del poder divino y del terrenal. Sin embargo, volvimos a las andadas. En algunas áreas del conocimiento la verdad está en manos de ciertos dueños. La gente (no quiero decir gente común porque pondría a los científicos como gente fuera de lo común, ni legos, porque le doy una característica religiosa a la ciencia) no alcanza a comprender la diferencia entre el método científico y versiones e ideas absurdas también nombradas como ciencias. Ciertamente la autoridad sigue siendo materia de verdad. Basta con ver qué importancia tiene esta nota, y cuál tendría si la firmase un Premio Nobel (aun como James Watson), o alguien no “ilustrado”. La mención de autoridad para validar una opinión es una falacia ampliamente conocida, pero utilizada habitualmente.

5 ¿Sólo el conocimiento científico es verdadero? Dudo que algún filósofo considere que su saber es de tipo científico. ¿Por eso es menos valedero? La metodología de las ciencias es aproximadamente similar para ciertos grupos de ciencias, pero no idéntica. Ejemplo. En los aceleradores de partículas de alta energía se analizan millones de sucesos, y se miden sus variables, en tareas cuya complejidad apabulla. Es buena ciencia. En la investigación contra el cáncer, puede que no haya más que unos cientos de casos posibles de ser estudiados. También es buena ciencia. Un antropólogo que estudia a un grupo cultural puede que no tenga más que diez o doce interlocutores, saca conclusiones. También es buena ciencia. Todas si están bien hechas, dentro de los esquemas y métodos de cada tipo de conocimientos. Quienes analizan la forma en que los científicos hacen la ciencia son los epistemólogos y quienes hacen filosofía de la ciencia. Utilizan criterios rigurosos, hacen un trabajo serio.

Pero, ¿usan el método científico? Un matemático tiene un método muy diferente que el de un físico experimental o que un biólogo. ¿Es menos válido? ¿Y un sociólogo o un economista? El conocimiento metódico pero en campos como la filosofía ¿es menos válido? El tema no tiene nada de sencillo. Por eso es de interés que todos los que puedan se involucren. Además, las decisiones políticas sobre las ciencias y el conocimiento no se toman a partir del método científico, sino por criterios ajenos a las propias ciencias. Además ¿hay un método? ¿Hay un núcleo metodológico común y diferentes herramientas de aplicación según el campo? ¿Debería existir un único método? ¿Quién lo decidiría? Hay lagunas e incompletitudes esenciales ¿no sería hora de compartirlo, en lugar de, siendo débiles, partirnos?

6 Una confusión interesante es la que se relaciona con la forma de evaluación de la producción científica. En términos generales, ya que hay excepciones temáticas, la idea es que el trabajo de un científico es evaluado por sus pares, no sólo científicos, sino especialistas en el mismo tema. La confusión acerca de esto es que parecería un criterio de verdad científica. Hay errores. Los trabajos se envían a revistas con referato, hay jueces no identificables para el evaluado, que opinan sobre la originalidad y corrección del trabajo. Es una tarea difícil, y habitualmente honesta, pero existen, como en cualquier actividad humana, errores y corrupciones. El tema es que la verdad científica es provisoria. Hay resultados aparentemente definitivos en un tema, que son desbancados cuando la investigación avanza. ¿Y cuál es el problema? Y, que el que creyó tener la verdad quiere, naturalmente, seguir teniendo la razón. Y existen disputas. Cuanto más ligada esté una investigación a los funcionamientos humanos, a lo social, político, histórico, psicológico, más conflicto. Parece entonces que el mecanismo de evaluación no puede ser confundido con el núcleo de la metodología científica, porque sólo se trata de una herramienta, interesante y mejorable, que de hecho ya le compiten algunas formas de publicación en la Web.

7 ¿La ciencia está incontaminada a pesar de ser realizada por hombres?

La gente que hace ciencia son personas, seres humanos con sus cosas buenas y sus debilidades. Y tienen un método general, el científico, que ha mostrado tener una fortaleza notable. Los científicos, la gente del conocimiento (matemáticos, químicos, politólogos, filósofos, sociólogos, tecnólogos), trabajan, sueñan, viven, dentro de una sociedad que tiene sus características, en donde hay disputas, peleas, dominio. Y lo que se hace en ciencia está relacionado con los negocios, con la ética, con el poder. “El conocimiento es poder” (F. Bacon). No hay forma de escindirlo. Pedir responsabilidad social a los científicos también es pedirles a todos los científicos que sean responsables en su relación con los científicos de otras disciplinas. Y que cuando entran en un debate no justifiquen su posición sobre la base de que tal personaje apoya su postura, porque eso no sólo es una falacia, sino que no es científico.

Sacar los trapitos al sol sin agresiones es saludable. Creo que transparentar los conflictos, aun los de entrecasa, es una manera democrática de acercar la gente a las ciencias y al conocimiento. Discutir qué métodos usamos, cuáles son las diferencias y similitudes, mostrar que hay desacuerdos, sus porqués, incompletitudes, y, acaso, contradicciones, nos va a hacer más aceptables. Con más tolerancia y comprensión conseguiremos una producción mejor dirigida hacia las necesidades de la gente.

* Investigador tecnológico, ex vicepresidente ejecutivo del INTI.

Debates 2 (aporte 2): Ciencia y universidad

¡No somos teólogos!

Por Atilio Boron

Publicado en Página 12, Sección Opinión, sábado 12 de enero de 2008.

En la entrevista que el ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva publicara en este diario el lunes pasado, Lino Barañao se refirió a los temas que habrán de concitar la especial atención del ministerio a su cargo. Quisiéramos aportar algunas ideas a una discusión que el país se debe sobre la investigación científica, y que Barañao parece dispuesto a convocar. Lo peor que podríamos hacer en un momento como éste es optar por el silencio en lugar de manifestar, con respeto y altura, las discrepancias que pudiera suscitar su exposición.

En primer lugar diríamos que la puja por el presupuesto es un tema central y que no fue adecuadamente subrayado por el ministro. Está muy bien que la Argentina trate de meterse a fondo en el tema del software, la biotecnología y la nanotecnología, y también en muchos otros. Pero para entrar a competir con ciertas posibilidades en áreas de punta se requiere, primero, contar con laboratorios muy bien equipados, posgrados bien organizados con profesores de tiempo completo y todos sus estudiantes becados, carreras e instituciones universitarias adecuadamente financiadas, bibliotecas actualizadas y que efectivamente sean algo más que un desvencijado y anárquico depósito de libros, y remuneraciones apropiadas al personal científico, en todos sus niveles, desde el técnico auxiliar hasta el investigador superior. Nada de eso existe en nuestro país, a diferencia ya no digamos de Estados Unidos o Europa sino de Brasil o México. Esas imprescindibles condiciones no se obtienen tan sólo con esfuerzo, dedicación o buena voluntad, virtudes en las cuales nuestros científicos sobresalen a nivel mundial, sino que exigen disponer de recursos que en nuestro sistema científico y universitario siempre han sido escandalosamente escasos. Tal como Barañao lo señala, nuestra inversión en Ciencia y Técnica está en el orden del 0,4 por ciento del PBI, pero contra el 0,9 de Brasil y el 0,6 de Chile, para no compararnos con los niveles en torno del 3 por ciento del PBI que caracterizan a países como Corea y Japón. Nuestro sistema es paupérrimo por comparación a nuestros vecinos subdesarrollados, y esto debería convencer al ministro de que su primerísima tarea será lograr que las abultadas arcas del Tesoro nacional se dignen a financiar como se debe el sistema científico y universitario de la Argentina. Si no lo hace, o no lo dejan, todos sus planes corren el riesgo de convertirse en futuras anécdotas de una enésima frustración. Si convoca a los científicos de todo el país a una discusión seria sobre el futuro de la ciencia en la Argentina, su voz tendrá el peso suficiente para, tal vez, poner punto final a décadas de abandono y ninguneo. Esta convocatoria, además, está en línea con las palabras de Barañao al exigir, con toda razón, el compromiso social de los científicos. Lo que es seguro es que si trata de hacerlo sin ese respaldo, difícilmente vaya a encontrar oídos receptivos a sus reclamos.

Una segunda cuestión tiene que ver con las ciencias sociales, sobre las cuales la intervención del ministro no fue precisamente feliz. En la entrevista asegura que las humanidades y las ciencias sociales “no son las cenicientas” del sistema científico “porque tienen un financiamiento equivalente a cualquiera de las áreas de las ciencias básicas y durante mucho tiempo tuvieron un financiamiento superior en términos de los insumos que requerían”. Este juicio es insólito en un hombre tan “acostumbrado a la verificación empírica” como él mismo se define. Para refutar su afirmación bastaría con comparar, en el caso de la Universidad de Buenos Aires, la proporción de docentes con dedicación de tiempo completo a la enseñanza y la investigación en la Facultad de Ciencias Sociales y en la Facultad de Ciencias Exactas. Mientras que en el primer caso se trata de una cifra ínfima, en el segundo abarca, y en buena hora, a la casi totalidad de su planta profesoral. Otro elemento que debería añadirse a la comparación es la articulación existente entre el sector privado, e inclusive las agencias del Estado, y los investigadores: mientras que en el caso de Sociales esa vinculación es prácticamente inexistente, en Exactas constituye un importante vehículo de reforzamiento presupuestario. Hay otros elementos que, de agregarse, reforzarían aún esta conclusión. Por lo tanto, el análisis empírico demuestra que nuestra situación no es la que describe el ministro sino mucho peor, y que es preciso remediar cuanto antes.

Un párrafo final merece su exhortación para que en las ciencias sociales se opere “un cierto cambio tecnológico; estoy tan acostumbrado a la verificación empírica de lo que digo, que a veces los trabajos en ciencias sociales me parecen teología”. Y agrega, rematando su argumentación, que “no hay un motivo por el cual las áreas humanísticas deban prescindir de la metodología que usan otras áreas de las ciencias”. La pretensión de que existe una sola metodología común para todas las ciencias es, a esta altura de la historia, tan insostenible como la teoría geocéntrica de Ptolomeo. Tal como lo prueba el célebre Informe Gulbenkian sobre la situación de las ciencias sociales y el pensamiento científico a finales del siglo XX, el viejo paradigma “newtoniano-cartesiano” entró en crisis en las propias (mal llamadas) “ciencias duras”. Cabe destacar que este informe fue elaborado a partir de una labor transdisciplinaria, en donde investigadores de las ciencias exactas dialogaron de igual a igual con sus colegas de las humanidades y las ciencias sociales. De hecho, uno de los redactores de ese informe fue Ilya Prigogine, y en él se dice, entre otras cosas, que el modelo de ciencia, y por lo tanto de metodología de verificación, instituido desde el siglo XVIII, entró en crisis irreversible. En el Informe se señalan dos causas de esta decadencia; la crisis de la epistemología nomotética en el propio campo de las “ciencias duras” y, en segundo lugar, los nuevos desarrollos teóricos que en estas disciplinas “han subrayado la no-linealidad sobre la linealidad, la complejidad sobre la simplificación y la imposibilidad de remover al observador del proceso de medición y [...] la superioridad de las interpretaciones cualitativas sobre la precisión de los análisis cuantitativos”. En suma, termina diciendo el Informe que “las ciencias naturales han comenzado a parecerse mucho más a lo que por mucho tiempo había sido despreciado como ‘ciencias blandas’ que a aquello que fuera considerado como ‘ciencias duras’”. Como bien recordaba Albert Einstein, “no todo lo que cuenta se puede contar; ni todo lo que se puede contar cuenta”. Mal haríamos, a la luz de este informe, en imitar para las ciencias sociales y las humanidades un modelo de verificación empírica ingenuamente quantofrénico y declaradamente obsoleto. La producción de la evidencia que sustenta un razonamiento, admite una multiplicidad de procedimientos cuya rigurosidad y precisión se construyen desde otras premisas. ¿O vamos a creer que un Chomsky en lingüística, un Sánchez Vázquez en filosofía, un González Casanova en sociología, un Hobsbawm en historia son charlatanes que se dedican a la teología?

Debates 2 (aporte 1): Ciencia y universidad

Las cuerdas del espacio académico

Por Norma Giarraca * -

Publicado en Página 12, Sección Opinión, martes 4 de septiembre de 2007.


El mes pasado se realizó el XXVI Congreso de la Asociación Latinoamericana de Sociología (Alas) en México. Como referente de los estudios de los movimientos sociales, en esa mesa temática escuché las exposiciones de una tercera parte de los trabajos presentados. Casi todas las ponencias trataban tenazmente de ordenar ese torbellino de novedosos fenómenos que denominamos, por ahora, movimientos sociales (MS). La reflexión ordenaba, casi domesticaba, las novedades que los MS cargan y desatan. Uno de los últimos días del congreso asistieron los protagonistas de la Asamblea Popular de Pueblos de Oaxaca y del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra de Atenco, dos de los MS más activos del país. En las declaraciones finales del congreso se reclamó el cese a la represión en México y en toda América latina y se exigió la libertad total de jóvenes sociólogos detenidos.

Con estas fragmentadas imágenes emprendimos una larga recorrida hacia una de las regiones de los movimientos sociales: Oaxaca, territorio de luchas intensas durante 2006. Nuestro oído atento registró en jóvenes, mujeres, intelectuales, comuneros, artesanos del mercado central, estudiantes, maestros, la vivencia y esperanza de lograr una transformación radical pacífica en esta comunidad. La figura y el pensamiento de Gandhi aparecen dentro de una reflexión profunda de cómo construir día a día aquello que desean para su territorio y para sus vidas. Conceptos tales como autodeterminación, libertad, desobediencia civil emanan de un mundo político intenso que articula experiencias urbanas diversas con las más de 400 comunidades indígenas que se rigen por “usos y costumbres” y un municipio declarado autónomo por su propia decisión.


Visitamos y registramos dos comunidades indígenas –una zapoteca y otra mixteca– y nos enfocamos en lo que constituye el centro de sus vidas: sus territorios. Tuvimos largas conversaciones con Gustavo Esteva de la Universidad de la Tierra (UniTer) y pudimos comprobar cómo estos espacios alternativos a las instituciones tradicionales son usinas de un pensamiento activo que acompaña resistencias y (re)creaciones de otros mundos sociales, culturales y espirituales.

El proceso social y político actual de América latina es rico en novedades –tanto en esta problemática como en los cambios en el nivel del Estado, en lo cultural, etc.– y amerita posiciones audaces, sujetos pensantes abiertos y comprometidos con los nuevos tiempos. Es importante afinar las cuerdas del espacio académico en el registro de los pensamientos críticos y potentes. Es necesario atreverse a comprender las novedades, modificar los modos de registro e interpretaciones. Los sociólogos latinoamericanos tenemos que debatir más sobre los cambios necesarios en una disciplina que nació “modernizadora”. Buenos Aires en 2009, sede del próximo congreso, puede ser otra oportunidad.

* Socióloga, investigadora del Instituto Gino Germani (UBA).