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viernes, 26 de octubre de 2012

Entrevista a Raul Alvarez: "La basura es la posibilidad de hacer cargo a todos los demás de algo que da pérdidas", Página 12


Felicitaciones al colega Raul Alvarez por esta nota!

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Dialogos  |  Lunes, 15 de octubre de 2012
El cientista político Raúl Alvarez y su análisis sociológico de los residuos

“La basura es la posibilidad de hacer cargo a todos los demás de algo que da pérdidas”

Es abogado, docente y desde hace años investiga las implicancias sociales de la basura, su relación con el Estado y la propiedad. Desde una perspectiva clasista, desarma conceptos naturalizados en relación con los desechos y desentraña el papel que ocupan en la dinámica del poder en la sociedad. La Ceamse, los rellenos y los que viven de la basura.

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Por Verónica Engler
–¿Cómo empezó la investigación en la que se basa su libro La basura es lo más rico que hay?
–Yo empecé en el 2005, como abogado, como militante, y me quedé prendado del tema basura. En ese momento estaba colaborando con la organización territorial 8 de Mayo, que está frente al relleno de la Ceamse de José León Suárez. Ellos estaban en una situación conflictiva con la Ceamse, por lo que les proponen poner una planta de separación de basura. En ese momento ellos tienen una gran desconfianza porque tienen signado a la Ceamse como el órgano estatal encargado de la represión en estos lugares, era el enemigo. Los acompañé y empecé a estudiar para ver cómo redactar el convenio. Armamos un proyecto alternativo de convenio, y cuando se lo proponemos a la Ceamse, la Ceamse se niega sistemáticamente a aceptar la cláusula en la que se comprometería a entregar basura proveniente de los generadores industriales. Entonces, me pregunté, “si es basura, ¿cuál es el problema? Si la van a enterrar, ¿por qué no se la quieren entregar?”. Y esto es lo que mueve la investigación.
–¿Qué relación tiene la basura con la estructura de la sociedad que la genera? –Una sociedad que está dividida en clases sociales por la mayor apropiación de los medios materiales, entre los que tienen y los que no tienen, es una estructura social que se replica invertida en el terreno de la basura, donde la función del manejo de la basura es preservar que aquellos que tienen mayor propiedad de bienes privados sigan conservando esta posición preferente, incluso en el terreno de aquello que tiene valor negativo. Entonces, si algo tiene un valor negativo de mercado o su potencial contaminante lo hace negativo, lo que hace esta estructura social capitalista es derivarlo al colectivo social. Así como la sociedad se divide entre propietarios y no propietarios, entre explotadores y explotados, se divide también entre contaminadores y contaminados, entre basurizadores y basurizados. Entonces, me parece que el tema de la basura prolonga en el terreno negativo del valor la misma lógica de diferencia clasista que hay en el terreno positivo del valor. Esto me permite a mí reconectar la teoría de la basura, del medioambiente y de la contaminación ambiental, con la teoría crítica de la propiedad, me permite volver con elementos marxistas a analizar la ecología. Hay toda una corriente de ecología política que está intentando hacerlo.
–A partir de su investigación, ¿qué tipo de relación pudo observar entre Estado, basura y propiedad? –Hay varias ideas, una tiene que ver con pensar al Estado como una instancia de dominación de clases dentro de la sociedad. Ahora, ¿cómo se manifiesta esto en el mundo de la basura? El Estado es el que absorbe esas sustancias, esos materiales perdidosos para el conjunto de la sociedad y en particular para las empresas capitalistas. Entonces, el Estado funciona socializando pérdidas. Lo que es ganancioso, la mercancía, queda dentro del ámbito de la propiedad privada. Y lo que es perdidoso económicamente o ambientalmente se pasa a la esfera pública, se socializa dejándolo en el medioambiente, que es del conjunto de la sociedad. Entonces, se trata de privatizar ganancias y socializar pérdidas. En relación con la propiedad, el derecho de propiedad es la posibilidad que tiene una persona de excluir a otro del uso y goce de la cosa. La basura funciona exactamente al revés, la basura es la posibilidad de hacer cargo a todos los demás de algo que da pérdidas. Si la propiedad es una relación de apropiación de un objeto, la basura es una relación de desapropiación, es desentenderse y delegar en el colectivo social a través del Estado las pérdidas que producen determinados objetos.
–Sin embargo, se da una disputa económica alrededor de la basura. –Porque lo utilizan como una recurso de poder. La Ceamse en particular lo utiliza como un recurso para disciplinar a los actores sociales que hay acá en el terreno. Porque la basura en sí no existe, la basura es un fetiche, lo que existe es una cantidad de residuos de materias de distintos tipos que si bien son residuos porque no se percibe que tienen valor en determinados niveles de la sociedad, cuando se va bajando en la escala social, eso que descartó el nivel superior sí tiene valor para los de abajo. Por ejemplo, un traje que un tipo de mucha plata ya tiró a la basura, a lo mejor a mí sí me sirve; lo mismo sucede con otro tipo de productos, sobre todo alimentos. Entonces, la basura que se supone carece de valor, cuando se mezcla con la división en clases de una sociedad, se encuentra que para muchos sectores sociales, sobre todo para los marginales, es un recurso de vida cotidiana.
–¿Por qué la Ceamse no quería entregar determinados productos, como los industriales? –Creo que uno de los motivos es que está protegiendo a algunos generadores privados. Concretamente hay empresas que producen determinado tipo de residuos alimentarios que no aceptan que la Ceamse los entregue para recuperarlos, y entonces obliga la Ceamse a que vayan al basural, o sea que ahí la Ceamse está directamente defendiendo el derecho de propiedad del generador, derecho de propiedad que ya no es el uso y goce del objeto sino la prohibición del uso y goce de los demás. O sea, asegura, por ejemplo, el derecho de una fábrica de cosméticos, haciendo que esos productos que descartan vayan al relleno y no se los lleve nadie. Porque si los recuperadores los volvieran al mercado compiten con sus productos de línea. Además, porque el capital se rige por la lógica de la escasez. Entonces, si vas a lucrar con un residuo que yo generé, la lógica del capital dice “pagame, si no enterralo”.
–Además, usted dice que el enterramiento de la basura también tiene que ver con la forma en que se la concibe. –Claro. La basura funciona como una especie de poder normalizador, es basura aquello que queda excluido del orden, aquello que es lo contrario de lo higiénico, de lo socialmente aceptado. Entonces, a la basura va a parar todo lo que tiene estatus de exclusión, y forma una construcción imaginaria de algo que se supone que es infeccioso, pringoso, que enferma, que ensucia, que contraviene el orden de lo social. Pero todo esto es una construcción, esto no necesariamente se condice con que la basura necesariamente pueda producir estos efectos. Lo que pasa es que todos aprendemos a desenvolvernos con la basura de esta manera, todos internalizamos la idea de basura y desarrollamos una construcción que es el asco. El asco es algo aprendido, nosotros no tenemos naturalmente asco a la basura. El asco es lo que permite que el flujo de la basura siga siendo tal, algo rechazado. En la medida en que hay recuperadores que hacen de la basura su medio de vida, tienen que superar esta frontera, tienen que traspasar la línea del asco, tienen que desnormalizar la idea de basura, porque si no no podrían abrir la bolsa de basura. Bueno, al traspasar esta frontera están transgrediendo una norma socialmente aceptada. Entonces son castigados. Son castigados, con esta impregnación imaginaria de que así como la basura es algo antihigiénico, que ensucia y que enferma, los que manejan la basura también tendrían esta misma característica de la basura. Es decir, que si nuestra sociedad basuriza objetos, a las personas que trabajan con la basura también las basurizan. Y la Ceamse es el dispositivo por el cual esto se confirma, por el cual todo eso que mereció el estatus de exclusión va a ser enterrado. La Ceamse defiende esta frontera a rajatabla. Esto impide la recuperación de residuos. Esto es un preconcepto cultural de idea normalizadora de la basura que impide avanzar en el reciclaje. Si se piensa que eso es algo que solamente te ensucia, infecta y enferma, no se puede transformar eso en materiales para reciclar. Si no se desanda la idea que se tiene de basura, no se puede cambiar la conducta que tenemos como consumidores cuando compramos, ni cuando disponemos la basura en nuestra casa, ni cuando la sacamos a la calle.
–A diferencia del resto de los barrios del conurbano en donde también hay rellenos sanitarios de la Ceamse, en José León Suárez no existe una impugnación vecinal significativa a la basura por cuestiones ambientales. El relleno Norte III es el único con un contingente numeroso de quemeros que diariamente concurren a recolectar al basural. ¿Cómo se da esta situación en la cual la relación con la basura no es de rechazo sino de aceptación?
–José León Suárez tiene esa particularidad, es el único territorio de la provincia de Buenos Aires que no rechaza la basura, sino que, por el contrario, ha hecho de la basura su recurso. Es una población de origen social marginal que vive de la basura. Todo este sector social quiere seguir teniendo acceso a sus medios de trabajo, y todo el conflicto se da justamente por acceder a la basura, porque el problema que hay es que la Ceamse les dosifica, les modula, les controla, les retira el acceso a la basura, y lo utiliza con un criterio de premios y castigos. A los referentes más conciliadores les da mejor basura, y a los menos conciliadores les tira lo peor. Entonces, ahí está el motivo de conflicto. Lo que pasa en otros lados es que predomina el conflicto ambiental. En cambio, acá la pobreza tiene un nivel tal que no permite percibir eso. Cuando entrevisté al médico del centro de salud de la zona me dijo “están enfermos, pero no se dan cuenta, porque son tan pobres que no lo registran”. Entonces, la diferencia es que en Villa Dominico, González Catán y Punta Lara aparecen en primer lugar los reclamos ambientales, y acá el reclamo ambiental no llegó a aparecer, sino que lo que predomina es el conflicto social en torno de la apropiación de basura. En León Suárez se considera a la basura como un recurso, por eso luchan los recuperadores por acceder lo más libremente posible a ese material.
–En 2004 desaparece Diego Duarte (un joven quemero) en el relleno sanitario de José León Suárez. A partir de este hecho y de la situación conflictiva que se genera, la Ceamse inicia una experiencia inédita: las plantas sociales de reciclado, en las que les da participación a varias organizaciones territoriales de la zona. ¿Cómo evolucionó desde entonces este emprendimiento?
–Lo que se fue dando desde el 2004 es un cambio de la táctica de la Ceamse, no de la estrategia. La Ceamse es una institución creada por la dictadura, que tiene su signo de origen. Su objetivo es enterrar residuos, lo que ellos saben hacer es enterrar basura, están para eso y quieren avanzar en ese sentido, y les cuesta aceptar toda otra modalidad del tratamiento de la basura que no sea enterrarla. En el 2004 la cantidad de quemeros es muy alta, el conflicto ya no les deja operar el relleno porque les cortan la autopista, les impiden la entrada de camiones, los quemeros entran de noche clandestinamente y están trabajando todo el tiempo. Entonces, lo que emprende el presidente de la Ceamse de ese momento, Carlos Hurst, es una doble táctica. Por un lado mantiene la vigilancia armada como una forma de violencia latente permanente, cuidando la basura como si fuera un tesoro. Pero sin quitar eso, emprende una tarea de negociación con los referentes de distintas organizaciones territoriales de alrededor por la cual les propone abrir plantas de reciclaje, que sea una fuente de trabajo para que la gente en vez de ir a cirujear a la quema trabaje en las plantas. Y entonces arma el emprendimiento de reciclaje de basura cruda más importante que tenemos en el país, porque acá abren la bolsa de basura para obtener el material. Las plantas que hay en la Ciudad de Buenos Aires podrán tener mayor volumen, pero trabajan con material ya separado, en cambio acá trabajan con basura cruda. Entonces, de esta manera va armando este complejo de las nuevas plantas sociales que emplean alrededor de seiscientas personas. Son experiencias de cogestión entre el Estado y las organizaciones sociales. El Estado es el que hasta hace poco años era el enemigo en el terreno, o sea que es una experiencia innovadora interesante, porque además es una experiencia de cogestión con una población marginal. No tienen la cultura de clase obrera, que pueden organizarse en una cooperativa, como en las fábricas recuperadas, sino que son tipos que vienen de trabajar en una forma muy individual, que no tienen mensualidad, que no tienen horario, que no tienen patrón, que tienen que aprender a trabajar en una línea de producción con horario, con sueldo, con autoridad. Es un aprendizaje importante el que tienen que hacer.
–Pero en estas plantas sociales de reciclaje, a pesar de ser un emprendimiento tan importante en relación con el trabajo con la basura en crudo, el porcentaje de lo que se recicla es mínimo (alrededor del dos por ciento de lo que ingresa al relleno). ¿Por qué se da esta situación?
–El porcentaje que va a reciclarse lo define la Ceamse, ése es el poder discrecional que tiene. Ahora las plantas no tienen más capacidad de reciclado, para que se recicle más tendría que haber más plantas, que no necesariamente tienen que ser plantas como éstas, con cintas transportadoras como las que armó la Ceamse, podrían ser tinglados con gente trabajando abajo y nada más, que es mucho más barato. Ese era el proyecto original de los quemeros, simplemente que les den el material. Con esta finalidad de descomprimir el conflicto social, se armó este polo de reciclaje, que tardó varios años, modulando afinidades y disidencias, premios y castigos, entre los referentes de la zona. Se hizo esto porque es lo que la Ceamse no pudo evitar que se hiciera, porque se hizo con el criterio de descomprimir la lucha de los recuperadores. Pero si se hubiera querido avanzar con una política ambiental de reciclaje, esto podría haberse hecho mucho más rápidamente en una dimensión mucho mayor, con mucho más flujo del material a los trabajadores, para que puedan recuperar mucho más. De todas maneras, esta experiencia de las plantas lo que generó es un actor social organizado de recuperadores, lo armó esta política de la Ceamse, por suerte. Es un efecto no querido pero es un ejemplo del cambio de relaciones de poder que producen las políticas populistas. Porque en este sentido desde el Estado están bajando verticalmente una medida que organiza a los sectores populares, que les da un lugar en la producción, y que les da un puesto de lucha que es muy fuerte. Si bien no cuestiona las relaciones capitalistas de producción, la verdad es que la relación de fuerzas en el camino han cambiado sustancialmente y el poder de lucha que tienen es mucho mayor, y la experiencia que hicieron es muy de avanzada.
–El sistema de enterramiento está colapsando, algo que se está evidenciando con las denuncias de diferentes grupos vecinales y ambientalistas que piden que se cierre la Ceamse. –Y lógico, porque aumenta el consumo y a la par aumenta la basura, entonces colapsa. Esto además está cruzado con el problema del colonialismo interno que tenemos, porque los rellenos de la Ceamse esparcidos por la provincia de Buenos Aires es algo que sólo fue posible en el contexto de una dictadura; ningún gobierno democrático hubiera aceptado ser el basurero de otro distrito. Hoy lo seguimos teniendo como rémora. Hay territorios que se están sacrificando para sostener a otros en sus niveles de consumo. Me parece que esto hay que revisarlo, porque nadie quiere la basura del otro.
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martes, 18 de octubre de 2011

Entrevista a John Holloway: "No existe la pureza revolucionaria"

Revista Ñ Nº417, Buenos Aires, Sábado 24 de septiembre 2011



Entrevista a John Holloway


"No existe la pureza revolucionaria"



Para cambiar "este sistema espantoso que es el capitalismo", afirma el politólogo irlandés, "no es cuestión de abolir algo que ya existe, sino de dejar de crear y recrearlo". En este diálogo, explica las claves de su nuevo libro: 33 tesis para "agrietar" un modelo injusto.



ANDRES HAX

En el 2002 el politólogo marxista (irlandés, doctorado en Escocia, y profesor desde 1991 en el Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla en México) publicó un libro titulado: Cambiar el mundo sin tomar el poder. Ese tomo, que está disponible gratis en la Red, propone un plan de acción revolucionario para hacer frente contra la catástrofe -según el autor- del capitalismo. Pero como indica el título, no es un manifiesto que propone un enfrentamiento violento entre clases sociales. Al contrario el libro esboza un plan, lírico y utópico: luchar contra el capitalismo y sus males en el simple quehacer diario y a través de la anti política. Su libro más reciente, que se acaba de publicar en Argentina, es una continuación de Cambiar el mundo sin tomar el poder y se llama Agrietar el capitalismo: El hacer contra el trabajo (Herramienta Ediciones). En treinta y tres "tesis" avanza el argumento de que "el cambio social no es producido por los activistas, por importante que pueda ser -o no- el activismo... El cambio social es más bien el resultado de la transformación apenas visible de las actividades cotidianas de millones de personas".

Hablamos con Holloway por video chat, el profesor en su casa en Puebla, donde se quedó a vivir por amor a una mujer, amor al movimiento zapatista y por una sensación de que el "horizonte está más abierto en Latinoamérica que en Europa". Está perfectamente consciente de la realidad de que la entrevista (una forma de militar en contra el capitalismo) se está haciendo con herramientas creadas por el proceso capitalista. Habla un castellano perfecto pero pausado y con acento extranjero. Sonríe con frecuencia, como un hombre que tiene una inquebrantable convicción en sus creencias y un optimismo crónico a pesar de la tragedia en la cual se ha convertido el mundo.



-¿Qué le recomendaría a una persona que lee este libro y quiere entrar en la lucha que usted propone, pero se siente abrumado por lo gigante que es el monstruo del capitalismo?



- Yo creo que tal vez lo más importante es no pensar en términos de la enormidad del monstruo. El concepto de abolir el capitalismo es algo tan, tan enorme que nos da miedo, nos paraliza. Y la única forma de enfrentarlo es, primero, pensar desde donde estamos nosotros y pensar qué es lo que podemos hacer y que ya estamos haciendo y qué es lo que la gente alrededor de nosotros ya está haciendo. Eso por un lado. La otra cosa es pensar que el capitalismo no es algo que existe como sistema independiente de nosotros; es algo que nosotros estamos creando y recreando todo el tiempo. Entonces el problema para mí, el problema de la revolución, el problema de cómo abolir este sistema espantoso que es el capitalismo, no es cuestión tanto de abolir algo que ya existe, sino de dejar de crear y recrearlo. Y eso no nos da las respuestas, pero sí nos da una forma de pensar la cuestión de la revolución, que es menos abrumadora que la forma normal de pensar la revolución.



-¿Cómo funciona en esta revolución el usar los medios del capitalismo mismo? Por ejemplo, esta" entrevista saldrá en un diario que funciona dentro de los valores y reglas del capitalismo



-Obviamente existimos en un mundo antagónico. Existimos en una situación contradictoria. Y todo lo que hacemos es contradictorio. No existe la pureza revolucionaria. Y esta tradición, esta idea de buscar la pureza, ha sido en realidad muy destructiva. Hay que aceptar que nuestras luchas siempre son contradictorias. Pero a partir de allí pensar cómo ir contra y más allá del ambiente en el cual nos encontramos. Esta es una entrevista -como dices- con un periódico que abraza el capitalismo, pero también es un intento de buscar un espacio dentro de este periódico y abrir otras perspectivas.



-¿Pasa lo mismo en su trabajo como profesor universitario?



-La universidad, como todas las universidades, es finalmente una institución capitalista. Pero eso no quiere decir que no exista posibilidad dentro de esta institución de ir en contra. En el sentido contrario. De ir abriendo espacios de rechazo, de negación y creación. Y lo mismo en las escuelas secundarias y primarias, en los hospitales, en todas las instituciones. Tenemos que reconocer el carácter social, el carácter capitalista del ambiente en el cual nos encontramos, pero buscar salidas, buscar formas de ir contra y de ir más allá de ese ambiente. Y sí, lo hacemos todo el tiempo.



- Dentro de esa lucha contradictoria ¿cómo mide uno su progreso? O tal vez la medición misma es un vicio del capitalismo…



- Es algo que se ha discutido bastante en los últimos años: ¿Cómo sabemos si estamos ganando? Yo creo que no sabemos. Tenemos una impresión... Los cambios pueden ser muy rápidos. En el sentido de que puede ser que sentimos que estamos ganando y de repente nos damos cuenta dé que nuestro progreso de alguna forma se está transformando en un elemento del sistema. Es un poco lo que pasó después de 1968 en el mundo. Un poco, tal vez también, lo que pasó en Argentina después del 2001/ 2002. Realmente nunca sabemos si estamos ganando. Igualmente ¡no sabemos si estamos perdiendo! Porque muchas veces sentimos que estamos perdiendo, que no hay posibilidad, que no hay salida, que no hay esperanza -y de repente, hay una explosión y nuestra desesperación se convierte en esperanza. Esto es un poco lo que ha estado pasando este año en África del Norte y en Europa también, en Chile... La desesperación se da vuelta y se convierte en lo" contrario.



- ¿Cómo fue su acercamiento al marxismo? ¿Cómo fue el primer contacto con el camino que lo llevó a su vida actual?



- Fue la experiencia de ser parte de la generación del 68. El ambiente de esos años, de empezar a leer literatura radical y todo el ambiente de discusión práctica. Y también todo el ambiente de conflicto y de lucha de esos años... Pero no es que me sucedió algo dramático, una ruptura de repente. No es una historia heroica; fue simplemente un proceso de darme cuenta un poco de lo que estaba pasando en el mundo y de pensar ¿cómo podemos salir de eso?



-¿"Agrietar el capitalismo" es un libro utópico y pragmático a la vez? En el sentido de que mira hacia un mundo distante Ideal pero mientras tanto da pautas al Individuo para desentrañar el problema del mundo



-Supongo que sí. Yo lo veo como hijo del libro anterior, Cambiar el mundo sin tomar el poder. Después de ese libro se dio una discusión por todos lados y la mayoría de la gente decía: "Qué absurdo. Obviamente no podemos cambiar el mundo sin tomar el poder". Pero también había una reacción para mí muy importante de gente que decía: "Sí, exactamente. ¡Qué bueno! Es exactamente lo que necesitamos. Es exactamente lo que estábamos pensando nosotros, pero ¿qué hacemos?" Este libro es como una respuesta a esa pregunta. Obviamente, no es un programa de acción, pero sí es un intento de decir: "aquí está la respuesta de qué hacer. Lo que tenemos que hacer y lo que ya estamos haciendo".



-¿Y qué es, concretamente?



- Es agrietar el capitalismo: crear, dentro de esta sociedad que rechazamos, espacios o momentos o áreas de actividad donde seguimos otra lógica; donde decimos: no aceptamos la lógica del capitalismo. Aquí vamos a hacer las cosas de otra forma. Aquí vamos a construir otro tipo de relaciones sociales. Por supuesto es una respuesta bastante general y abstracta, pero por otro lado, al empezar a pensar en estos términos, comenzamos también a pensar en ejemplos más concretos. Heroicos por un lado, como los zapatistas, un movimiento que dice: "Aquí no. No queremos tomar el poder, pero no vamos a seguir la lógica del sistema que nos está destruyendo. Vamos a construir otro tipo de sociedad".

Pero no es solamente en estos ejemplos sobresalientes. También uno puede ver en la vida de casi toda la gente que hay como momentos o espacios donde decimos no. Aquí no vamos a seguir la lógica del capital. Aquí vamos a tratar de vivir de una forma que nosotros consideramos digna. Vamos a intentar de excluir la lógica del dinero de nuestra relación con los hijos, con la pareja o lo que sea. Entonces empiezas a ver que dentro de esta sociedad existe todo el tiempo un proceso de construir otras relaciones sociales. A veces de forma muy pequeña, a veces de forma mucho más grande... pero allí está todo el tiempo. La gente está muy activa en eso, intentado construir otro tipo de lógica. En ese sentido, sí, lo que estoy buscando es, por un lado, una perspectiva que diga: sí, hay la posibilidad de crear un futuro más allá del capitalismo, pero esa posibilidad se tiene que pensar en términos de la vida cotidiana de la gente. Y reconocer también lo que ya estamos haciendo.



- Me Imagino que grupos más extremos no están muy de acuerdo con su visión de una lucha cotidiana. ¿Ha recibido críticas que su forma de luchar contra el capitalismo es demasiado moderada?



-No sé si es demasiado moderada. Pero sí he recibido críticas que dicen que, finalmente, el efecto de mi enfoque es el de desmovilizar a la gente. Y eso sí es una crítica seria. Moderado, no sé.



-¿Cómo responde a esa crítica?



-Creo que simplemente no es cierta. Mi idea es que para pensar la revolución, para pensar un cambio realmente radical de la sociedad, no podemos conceptualizarla en términos elitistas. No podemos conceptualizarlo en términos de un movimiento de unos pocos iluminados. Realmente tenemos que conceptualizarlo en términos de un movimiento masivo. Eso implica que tenemos que, de alguna forma, tocar lo radical y revolucionario que existe dentro de todos nosotros. Yo no lo veo como desmovilizador, sino al contrario. Es como dar una salida a las frustraciones -o a los sueños- de todos. Yo diría que el libro no desmoviliza. Al contrario. Las formas burocráticas y escleróticas de pensar y de actuar de los partidos tradicionales, incluso de los partidos revolucionarios: eso es lo que desmoviliza a la gente.



_ ¿Cómo fue su llegada a México? ¿Influye en su pensamiento vivir en Latinoamérica? ¿Podría hacer el mismo trabajo en Europa?



-Vine a México por primera vez en 1979 cuando fui invitado a un congreso sobre el estado del capitalismo en el mundo contemporáneo. Era la primera vez que había salido de Europa, y me impactó muchísimo. Había un horizonte mucho más abierto de alguna forma. Y es todavía lo que siento. Cuando voy a Europa -y, por supuesto, me encanta estar en Europa- pero siento como que se me va cerrando el horizonte. Aquí en América Latina se abren las perspectivas. Por la intensidad de las luchas sociales, por supuesto. No sé ... es como si el mundo estuviera menos cerrado aquí. Volví varias veces, pero en 1991 decidí trasladarme a México y venir a trabajar aquí. Y también, por supuesto, estas cosas siempre son cuestión de vida afectiva, tenía .mucho que ver con que mi compañera es mexicana. Y luego se dio, también, el levantamiento zapatista en el 94 que tuvo el mismo efecto de abrir, de forma extraordinaria, las perspectivas y el lenguaje y los conceptos de lo que es posible en el mundo. Y si me preguntas si podría hacer el mismo trabajo en Europa, tal vez. Hay una continuidad entre lo que hacia antes y lo que he hecho después de venir a México, pero también siento que cuando estoy en Europa por un tiempo un poco más prolongado, se empieza a cerrar mi mundo. Es una cuestión complicada. @



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Así ESCRIBE



La búsqueda del cambio

Agrietar el capitalismo. -El hacer contra el trabajo.' J.HOLLOWAY HERRAMIENTA EDICIONES. 316 PAGINAS $70





Hay una gran angustia en todo esto. La angustia de qué podemos hacer. Vemos y sentimos las injusticias del capitalismo a nuestro alrededor: los seres humanos durmiendo en las calles hasta en las ciudades más ricas. Los millones que viven al borde del hambre hasta que mueren de ella. Vemos los efectos de nuestro sistema social en el mundo natural, la colosal acumulación de basura, el calentamiento global para el que puede ya no haber remedio. Vemos a los poderosos en la televisión y queremos gritarles. Todo el tiempo nos repetimos infinitamente: ¿qué podemos hacer? ... Este libro ofrece una respuesta sencilla: agrietar el capitalismo. Romperlo de tantas maneras como podamos y tratar de expandir y multiplicar las grietas e impulsar su confluencia. La respuesta no es una invención de este libro. Por el contrario, este libro, como todos los libros, es parte de un momento histórico, parte del flujo de la lucha. La respuesta que ofrece refleja un movimiento que ya está en marcha. En este mundo en el que el cambio radical parece tan impensable, ya hay un millón de experimentos en búsqueda de cambios radicales, en hacer cosas de una manera totalmente diferente. Esto no es nuevo, las proyecciones experimentales que apuntan hacia un mundo diferente son, con toda probabilidad, tan antiguas como el mismo capitalismo. Pero ha habido un resurgimiento en los años recientes, una creciente percepción de que no podemos esperar a la gran revolución, que tenemos que empezar a crear algo diferente aquí y ahora. Estos experimentos son, posiblemente, los embriones de un nuevo mundo, los movimientos intersticiales a partir de los cuales podría crecer una nueva sociedad ... El cambio social no es producido por activistas, por más importante que pueda ser, el cambio social es más bien el resultado de la transformación apenas visible de las actividades cotidianas de millones de personas.



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HOLLOWAY BÁSICO

Dublín 1947, Politólogo



Es abogado, doctor-en Ciencias Políticas, egresado de la Universidad de Edimburgo y diploma do en altos estudios europeos en College d'Europe. Es profesor e investigador del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, México.

Entre sus libros editados en la Argentina [Ediciones Herramienta] están "Cambiar el mundo sin tomar el poder" (2002), "Contra y más allá del capital" (2006), "Zapatismo" (2006) y "Pensar al contrapelo' (2010). En "Agrietar el capitalismo El hacer contra el trabajo” descubre a la gente común como protagonistas del cambio social.