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viernes, 10 de agosto de 2012

Debates - la integración sudamericana y los conflictos socio-ambientales

- - - Servicio Informativo "Alai-amlatina" - - -

La integración sudamericana y los conflictos socio-ambientales

Marcelo Saguier

ALAI AMLATINA, 27/07/2012.- Los procesos de integración regional en Sudamérica han dado importantes pasos en la construcción de una comunidad política en base a valores y expectativas comunes. La defensa de la democracia, la resolución de conflictos mediante la diplomacia, el resguardo de la paz y la reivindicación conjunta de la soberanía argentina sobre las islas Malvinas ante los diferendos con el Reino Unido han sido algunos de campos en donde se logró alcanzar un inédito dinamismo y convergencia regional. Muchos de estos consensos acompañaron el surgimiento de nuevas formas institucionales como la UNASUR, ALBA y la Comunidad de Estados Latinoamericana y Caribeños (CELAC).

No obstante tales avances, existe otra dimensión del proceso regional en la que es menos evidente que consensos se expresan. Las dinámicas de la región, como espacio socio-político en construcción, actualmente está regida por los patrones de conflictos y cooperación entre gobiernos, empresas y actores sociales en torno a la utilización de los recursos naturales para fines de exportación y de insumos para la industria. Este es el caso de los recursos minerales y del agua de ríos para la generación de energía hidroeléctrica. A diferencia de las avances alcanzados en materia de construcción política regional en otros campos, el lugar que hoy ocupan los recursos naturales en la integración es más inquietante y potencialmente una fuente de tensiones.

Las políticas de utilización de tales recursos, y los conflictos socio-ambientales que se producen por las mismas, en su mayoría son de carácter nacional o sub-nacional. Sin embargo, al mismo tiempo se despliegan algunas iniciativas de carácter regional impulsadas por gobiernos o por actores sociales que regionalizan sus disputas como estrategias de acción frente a la orientación extractivista de algunos proyectos. Es decir que las dinámicas socio-políticas de construcción de un espacio político regional en Sudamérica van más allá de las distintas iniciativas intergubernamentales que se puedan emprender desde los estados. Los recursos naturales constituyen un eje de articulación tanto para iniciativas de cooperación interestatal como también para la movilización social transfronteriza.

La propuesta de este articulo es la de pensar las dinámicas de la construcción política regional desde ésta perspectiva, en la que las interacciones de cooperación y conflicto entre actores públicos, empresariales y sociales moldean el escenario regional, sus posibilidades y limitaciones.

La minería en zonas de frontera es una de las formas que se redefine el escenario social y político regional. El caso más paradigmático de ello es la frontera entre Argentina y Chile. Tradicionalmente, las fronteras internacionales eran zonas en donde no se permitía emprendimientos productivos (o extractivos) dado que constituían lugares sensibles a la defensa del territorio nacional. Los procesos de democratización e integración económica llevados a cabo en la región permitieron desactivar las hipótesis de conflicto que fundamentaron el imaginario geopolítico de gobiernos y sociedades nacionales durante gran parte del siglo veinte. Sin embargo, estos cambios estuvieron asimismo signados por la orientación neoliberal que marcó las políticas de integración durante la década del 90. Una de las características de ello fue el establecimiento de nuevas mecanismos institucionales para atraer y resguardar inversiones. La minería de frontera entre Argentina y Chile es producto de ello, y su expresión más acabada es el acuerdo binacional minero que fuera firmado en 1997 y ratificado en los parlamentos en el 2000.

El territorio comprendido por el acuerdo binacional cubre un área sobre la cordillera de los Andes de más de 200.000 kilómetros cuadrados, lo que equivale al 95% de la frontera internacional de ambos países. El acuerdo concede a las empresas la disponibilidad de minerales y agua para sus procesos de extracción, así como poder de control fronterizo. Pascua Lama es el proyecto binacional de megaminería que fue posible con este acuerdo. Las empresas que desarrollan el proyecto son: Barrick Exploraciones Argentina y Exploraciones Mineras Argentinas, en la Republica Argentina, y Compañía Minera Nevada en Chile. Otros proyectos mineros ya han sido aprobados, amparados en el tratado binacional, se encuentran actualmente en diferentes etapas de desarrollo. Entre ellos, está el proyecto El Pachón en la provincia de San Juan.

El acuerdo minero binacional consiste en un modelo de integración territorial y representa un hito internacional, considerando la extensión del área cubierta, los volúmenes de minerales e inversiones que potencialmente se verían implicados y la posible replicabilidad de este modelo en otras zonas de frontera con comparables condiciones geológicas. Evidentemente, la replicabilidad de este enfoque para la explotación conjunta de depósitos minerales en zonas de jurisdicción nacional compartida está expuesta también a los vaivenes de las presiones sociales frente al extractivismo y al creciente grado de concientización sobre la necesidad de fundar nuevos paradigmas del desarrollo con criterios de sostenibilidad.

La tendencia de minería de frontera se confirma asimismo en otros países latinoamericanos sin que exista necesariamente ningún acuerdo entre los países. Este es caso de los proyectos de exploración minera que actualmente tienen lugar en la frontera de Costa Rica y Nicaragua, de El Salvador y Guatemala y de Perú y Ecuador en la llamada Cordillera del Cóndor – región que en 1995 fue epicentro de un conflicto bélico entre ambos países. En este ultimo caso, desde la resolución del conflicto bélico han habido grandes inversiones mineras atraídas por la riqueza de de yacimientos de oro de este lugar. Incluso sin un acuerdo minero entre ambos países, entre 2005 y 2010 se han triplicado el número de concesiones de exploración a empresas interesadas, en su mayoría del lado peruano de la frontera. Las empresas transnacionales mineras sin duda constituyen actores de creciente influencia en la redefinición del espacio regional y es de suponer que asimismo constituyen factores de influencia en los gobiernos para promover acuerdos mineros internacionales (los gobiernos de Alan García en Perú y Correa en Ecuador habían comenzado a explorar esta posibilidad).

La minería en zonas de frontera contribuye a regionalizar conflictos que se suscitan desde hace años en toda América Latina. Son conocidas las expresiones de resistencia a proyectos mineros llevados a por comunidades rurales en distintas provincias argentinas como Chubut, San Juan, Catamarca, La Rioja y Tucumán. Sin embargo, éstos no son casos aislados sino que se enmarcan en una tendencia generalizada de creciente conflictividad en zonas de exploración minera. Evidencia de ello es que actualmente existen 155 conflictos relacionados a esta actividad en todo Latinoamérica y el Caribe, en las que se ven implicadas 205 comunidades en relación a 168 proyectos mineros. Asimismo, según un informe a cargo del ex Representante Especial del Secretario General de las Naciones Unidas, John Ruggie, las industrias extractivas representan el 28 % de los casos de los casos de violaciones a los Derechos Humanos con complicidad de las empresas. Esta tendencia global se profundiza en América Latina. Un elemento común a tales conflictos es la ausencia de debate público sobre los cuáles son los beneficios y costos de estos proyectos – definidos en términos económicos, sociales y ambientales – así de cómo arbitrar equitativamente los derechos y responsabilidades de los principales beneficiarios y damnificados de los mismos. Las comunidades tampoco son consultadas previamente, según lo establece el Convenio 169 de la OIT, sin bien algunos cambios en esta dirección comienzan a promoverse en Bolivia, Perú y Ecuador.

Las resistencias sociales a la minería a cielo abierto, y especialmente en zonas de frontera, se traducen crecientemente en la búsqueda de estrategias de incidencia mediante la movilización transnacional. Ejemplo de ello es la realización de tribunales de opinión, en donde comunidades afectadas por la minería pueden denunciar simbólicamente los estragos de la minería en el ambiente y su impacto sobre los derechos de las poblaciones. Se realizó el primer “Tribunal Ético de Minería de Frontera” organizado por el Observatorio de Conflictos Minero de América Latina en Chile en el 2010. También el “Tribunal Permanente de los Pueblos sobre Empresas Transnacionales” sesionó en Austria 2006, Perú/Colombia 2008 y España 2010 para denunciar la complicidad de empresas transnacionales en casos de violación de derechos humanos en Latinoamérica. Muchos de los casos denunciados están relacionados con la minería, además de la explotación de hidrocarburos, agronegocios, etc. Asimismo, se han creado redes de acción global para el intercambio de información y coordinación de campañas conjuntas. Estas son algunas de las formas que adquiere el activismo transnacional en respuesta a la minería y demás instancias de violaciones de derechos humanos en los que estados y empresas se ven acusados. En este sentido, la minería de frontera actúa como catalizador tanto de nuevos relacionamientos entre empresas y gobiernos, así como también de nuevas formas de resistencias sociales que intervienen en la redefinición del debate regional sobre los vínculos entre desarrollo sustentable y derechos humanos.

Además de la minería de frontera, las dinámicas de la integración regional en Sudamérica están regidas también por una serie de proyectos de infraestructura para la generación y transporte de energía hidroeléctrica. La abundancia de agua en la cuenca del Amazonas hace de esta zona el epicentro de una serie de redes interconectadas de represas y líneas de transmisión que se proyecta vincularán lugares de producción y consumo. La creciente demanda de energía esta dada por el crecimiento económico en las economías de los países sudamericanos, y especialmente del sector industrial brasileño y minero (esta actividad es gran demandante de agua para sus procesos de extracción del mineral). Estos cambios están dando lugar a nuevos patrones de la cooperación regional internacional en el que las empresas brasileñas juegan un papel clave como las concesionarias principales de los proyectos de infraestructura de energía hidroeléctrica.

La Iniciativa para la Infraestructura Regional Suramericana (IIRSA), establece la financiación para estos proyectos. IIRSA es un mecanismo institucional creado en 2000 para la coordinación de las organizaciones intergubernamentales acciones con el objetivo de "promover el proceso de integración política, social y económica de América del Sur, incluyendo la modernización de la infraestructura regional y acciones específicas para estimular la integración y el desarrollo de las regiones aisladas de los subsistemas. IIRSA cuenta una cartera 524 proyectos de infraestructura en las áreas de transporte, energía y las comunicaciones, que se agrupan en 47 grupos de proyectos que representan una inversión estimada de dólares EE.UU. 96,119.2 millones de dólares. El Banco Nacional de Desarrollo de Brasil (BNDES) es también un actor regional clave en la movilización de recursos para los proyectos patrocinados por la IIRSA, tanto en territorio brasileño como también en países vecinos.

El Complejo Hidroeléctrico rio Madeira es uno de los proyectos más emblemáticos y la principal iniciativa hidroeléctrica del IIRSA. Una vez terminado, contará con cuatro represas interconectadas y será el de mayor tamaño de la cuenca del Amazonas. El BNDES provee parte del financiamiento para su construcción. Dos de las represas estarán emplazadas en Brasil mientras que una de ellas estará en territorio boliviano y la última en un río que demarca la frontera internacional entre Bolivia y Brasil.

Además, Brasil y Perú procuran la construcción de un mega-complejo hidroeléctrico en la Amazonía peruana financiado por Brasil. El objetivo de esta iniciativa es para generar electricidad en Perú para ser transportada sobre a Brasil para satisfacer su creciente demanda de energía. Para ello, ambos gobiernos negociaron un Acuerdo Energético que establece que Perú se compromete a exportar el 70% de la energía que produzcan sus centrales hidroeléctricas a Brasil durante un plazo de 50 años. Su construcción tendrá un costo de 4.000 millones de dólares e incluye también una línea de 357 kilómetros para tener la electricidad a la frontera brasileña. Una vez terminada la construcción del complejo, este será el mayor proyecto de energía hidroeléctrica en Perú y el quinto más grande en América Latina. Este proyecto y acuerdo energético ha sido objeto de grande críticas en Perú. El acuerdo fue firmado por los gobiernos de Alan García y de Ignácio Lula da Silva en 2010, pero actualmente está pendiente la ratificación del congreso peruano.

El acuerdo y proyecto ha sido objeto de serios cuestionamientos por los impactos ambientales y sociales de estas obras. En octubre de 2011 la principal concesionaria de este proyecto, la brasileña Odebrecht, decidió retirarse de la construcción de dos des las represas proyectadas como consecuencia de la oposición que este mega-proyecto genera en las poblaciones locales, sobre todo de pueblos originarios. El interés del gobierno brasileño por asegurar un acuerdo que le permita proveerse de energía a costos rentables se mantiene. Seguramente veremos nuevos intentos por reflotar el debate sobre este acuerdo, tal vez tomando en consideración las más recientes resistencias sociales que se han manifestado en repudio al mismo. Evidencia de ello es el proceso de revisión que emprenden los ocho países amazónicos de los mecanismos nacionales de consulta a grupos étnicos en el marco del Tratado de Cooperación Amazónica.

En la medida que avanzan las iniciativas de integración sudamericana se pone en evidencia la ausencia de consensos sobre ciertas áreas sensibles como es el caso de los recursos naturales. Muchos cuestionamientos comienzan a aflorar en el debate regional, como las tensiones entre visiones productivistas del desarrollo y de ecología política en las que se propician formas de desarrollo sustentable, vinculadas a los derechos humanos, la armonía ambiental y formas de producción y consumo más inclusivas. Asimismo, se manifiesta la necesidad de nuevos mecanismos de toma de decisión en materia de recursos naturales, no sólo a nivel nacional sino especialmente en lo relacionado a proyectos regionales que involucran acuerdos entre estados e instrumentos de financiamiento regionales. Es fundamental abordar en profundidad las nuevas asimetrías que genera este tipo de integración, no solo entre economías de mayor y menor tamaño, perfiles productivos especializados como industriales y proveerdores de materias primas, sino también en la necesidad de formular marcos regionales regulatorios y de políticas específicamente sobre recursos naturales (coordinación fiscales, normas de protección ambiental, derecho a de consulta a las poblaciones, eficiencia energética, entre otras).

En un contexto de creación de una comunidad política sudamericana, los conflictos y desafíos del desarrollo sustentable se vuelven invariablemente preocupaciones de todo el bloque regional. Mientras antes podamos avanzar sobre nuevos consensos en materia de recursos naturales, mejor estaremos preparados para avanzar en la profundización de nuevas bases de soberanía.

Nota: Las ideas que aquí se exponen están desarrolladas en un artículo recientemente publicado como: Saguier, Marcelo (2012) ‘Socio-environmental regionalism in South America: tensions in the new development models’, The Rise of Post-Hegemonic Regionalism: The Case of Latin America, Pia Riggirozzi and Diana Tussie, eds., Series United Nations University Series on Regionalism, Springer.

- Dr. Marcelo Saguier es profesor de estudios internacionales e investigador CONICET/FLACSO

viernes, 15 de junio de 2012

Economía verde versus Economía solidaria


- - - Servicio Informativo "Alai-amlatina" - - -

Economía verde versus Economía solidaria

Leonardo Boff

ALAI AMLATINA, 15/06/2012.- El documento cero de la ONU para la Río +20 todavía es rehén del viejo paradigma de la dominación de la naturaleza para extraer de ella los mayores beneficios posibles para los negocios y para el mercado. A través de él y en él el ser humano busca sus medios de vida y subsistencia. La economía verde radicaliza esta tendencia, pues como escribió el diplomático y ecologista boliviano Pablo Solón «ella busca no sólo mercantilizar la madera de la selva sino también su capacidad de absorción de dióxido de carbono». Todo esto puede transformarse en bonos negociables por el mercado y por los bancos. De esta manera el texto se revela definitivamente antropocéntrico, como si todo se destinase al uso exclusivo de los humanos y la Tierra los hubiese creado solo a ellos y no a otros seres vivos que exigen también la sostenibilidad de las condiciones ecológicas para su permanencia en este planeta.

En resumen: \"el futuro que queremos\", lema central del documento de la ONU, no es otra cosa que la prolongación del presente. Éste se presenta amenazador y niega un futuro de esperanza. En un contexto como este, no avanzar es retroceder y cerrar las puertas a lo nuevo.

Hay además un agravante: todo el texto gira en torno a la economía. La pintemos de verde o de marrón, ella guarda siempre su lógica interna que se formula en esta pregunta: ¿cuánto puedo ganar en el menor tiempo, con la menor inversión posible, manteniendo una fuerte competitividad? No seamos ingenuos: el negocio de la economía vigente es el negocio. Ella no propone una nueva relación con la naturaleza sintiéndose parte de ella y responsable de su vitalidad e integridad. Muy al contrario, le hace una guerra total como denuncia el filósofo de la ecología Michel Serres. En esta guerra no tenemos ninguna posibilidad de vencer. Ella ignora nuestros intentos, sigue su curso incluso sin nuestra presencia. Tarea de la inteligencia es descifrar lo que ella nos quiere decir (por los eventos extremos, por los tsunamis, etc), defendernos de los efectos perjudiciales y poner sus energías a nuestro favor. Ella nos ofrece informaciones pero no nos dicta comportamientos. Estos debemos inventarlos nosotros mismos. Solamente serán buenos si están en conformidad con sus ritmos y ciclos.

Como alternativa a esta economía de devastación, si queremos tener futuro, necesitamos oponerle otro paradigma de economía de preservación, conservación y sostenimiento de toda la vida. Necesitamos producir, sí, pero a partir de los bienes y servicios que la naturaleza nos ofrece gratuitamente, respetando el alcance y los límites de cada biorregión, distribuyendo con equidad los frutos alcanzados, pensando en los derechos de las generaciones futuras y en los demás seres de la comunidad de vida. Ella adquiere hoy cuerpo a través de la economía biocentrada, solidaria, agroecológica, familiar y orgánica. En ella cada comunidad busca garantizar su soberanía alimentaria: Produce lo que consume, articulando a productores y consumidores en una verdadera democracia alimentaria.

La Río 92 consagró el concepto antropocéntrico y reduccionista de desarrollo sostenible, elaborado por el informe Brundland de 1987 de la ONU. Se transformó en un dogma profesado por los documentos oficiales, por los estados y empresas sin ser nunca sometido a una crítica seria. Secuestró la sostenibilidad sólo para su campo y así distorsionó las relaciones con la naturaleza. Los desastres que causaba en ella eran vistos como externalidades que no cabía considerar. Pero ocurre que estos se volvieron amenazadores, capaces de destruir las bases fisicoquímicas que sustentan la vida humana y gran parte de la biosfera. Esto no ha sido superado por la economía verde. Esta configura una trampa de los países ricos, especialmente de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) que produjo el texto teórico del PNUMA, Iniciativa de la Economía Verde. Con esto descartan astutamente la discusión sobre la sostenibilidad, la justicia social y psicológica, el calentamiento global, el modelo económico fracasado y el cambio de punto de vista, una mirada distinta sobre el planeta que pueda proyectar un futuro real para la humanidad y para la Tierra.

Junto con la Río +20 sería muy positivo rescatar también la Estocolmo+40. En esta primera conferencia mundial de la ONU realizada del 5 al 15 julio de 1972 en Estocolmo (Suecia) sobre el Ambiente humano, el foco central no era el desarrollo sino el cuidado y la responsabilidad colectiva por todo lo que nos rodea y que está en acelerado proceso de degradación, afectando a todos y especialmente a los países pobres. Era una perspectiva humanística y generosa, que se perdió con la carpeta cerrada del desarrollo sostenible y, ahora, con la economía verde.

- Leonardo Boff es Teólogo/Filósofo, autor de “Sustentabilidade: o que é e o que não é”, Vozes 2012.
Fuente: http://servicioskoinonia.org/boff/articulo.php?num=492

URL de este artículo: www.alainet.org/active/55664

domingo, 19 de febrero de 2012

Debate - Desarrollo sostenible: crítica al modelo estándar

Desarrollo sostenible: crítica al modelo estándar

Leonardo Boff

Alainet

Los documentos oficiales de la ONU así como el borrador actual de Río+20 dedican gran espacio al modelo de desarrollo sostenible: debe ser económicamente viable, socialmente justo y ambientalmente correcto. Es la famosa tripleta llamada Triple Botton Line (la línea de los tres pilares), creada en 1990 por el británico John Elkington, fundador de la ONG SustainAbility. Pero este modelo no resiste una crítica seria.

Desarrollo económicamente viable: En el lenguaje político de los gobiernos de las empresas, desarrollo equivale al producto interior bruto (PIB). ¡Ay de la empresa y del país que no tengan índices positivos de crecimiento anual! Entran en crisis o en recesión con la consiguiente disminución del consumo y generación de desempleo: en el mundo de los negocios, éste consiste en ganar dinero, con la menor inversión posible, con la máxima rentabilidad posible, con la competencia más fuerte y en el menor tiempo posible.

Cuando hablamos aquí de desarrollo no hablamos de cualquier desarrollo sino del que existe realmente, que es el industrialista/capitalista/ consumista. Éste es antropocéntrico, contradictorio y equivocado. Me explico.

Es antropocéntrico porque está centrado solamente en el ser humano, como si no existiese la comunidad de vida (flora y fauna y otros organismos vivos), que también necesitan de la biosfera e igualmente demandan sostenibilidad.

Es contradictorio, pues desarrollo y sostenibilidad obedecen a lógicas contrapuestas. El desarrollo realmente existente es lineal, creciente, explota la naturaleza y privilegia la acumulación privada. Es la economía política de corte capitalista. La categoría sostenibilidad, por el contrario, proviene de las ciencias de la vida y de la ecología, cuya lógica es circular e incluyente. Representa la tendencia de los ecosistemas al equilibrio dinámico, a la interdependencia y a la cooperación de todos con todos. Como se deduce, son lógicas antagónicas: una privilegia al individuo, la otra al colectivo; una promueve la competición, la otra la cooperación; una la evolución del más apto, la otra la evolución de todos interconectados.

Está equivocado, porque alega que la pobreza es la causa de la degradación ecológica. Por tanto, cuanto menos pobreza, más desarrollo sostenible habría y menos degradación, lo cual es una equivocación. Analizando, sin embargo, críticamente las causas reales de la pobreza y de la degradación de la naturaleza, se ve que resultan, no exclusiva, pero principalmente, del tipo de desarrollo practicado. Él es el que produce degradación, porque dilapida la naturaleza, paga bajos salarios y genera así pobreza.

Este desarrollo sostenible es una trampa del sistema imperante: asume los términos de la ecología (sostenibilidad) para vaciarlos. Asume el ideal de la economía (crecimiento) enmascarando la pobreza que el mismo produce.

Socialmente justo: si hay una cosa que el actual desarrollo industrial/capitalista no puede decir de sí mismo es que es socialmente justo. Si lo fuera, no habría 1, 4 miles de millones de hambrientos en el mundo y la mayoría de las naciones en la pobreza.

Detengámonos solamente en el caso de Brasil. El Atlas Social de Brasil de 2010 (IPEA) refiere que 5000 familias controlan el 46% del PIB. El gobierno destina anualmente 125.000 millones de reales al sistema financiero para pagar con intereses los préstamos hechos y destina solamente 40.000 millones de reales a los programas sociales que benefician a las grandes mayorías pobres. Todo esto denuncia la falsedad de la retórica de un desarrollo socialmente justo, imposible dentro del actual paradigma económico.

Ambientalmente correcto: el actual tipo de desarrollo se hace llevando a cabo una guerra imparable contra Gaia, arrancando de ella todo lo que le es útil y objeto de lucro, especialmente para aquellas minorías que controlan el proceso. Según el índice Planeta vivo de la ONU (2010) en menos de 40 años la biodiversidad global sufrió una caída del 30%. Solamente desde 1998 hasta ahora ha habido un salto del 35% en las emisiones de gases de efecto invernadero. En vez de hablar de los límites del crecimiento, mejor haríamos en hablar de los límites de agresión a la Tierra.

En conclusión, el modelo patrón de desarrollo que se quiere sostenible es retórico. En él se verifican avances en la producción de bajo carbono, en la utilización de energías alternativas, en el reforzamiento de regiones degradadas y en la creación de mejores eliminaciones de residuos. Pero fijémonos bien: todo esto se hace siempre que no se perjudiquen los lucros ni se debilite la competición. La utilización de la expresión «desarrollo sostenible» tiene un significado político importante: el cambio necesario de paradigma económico, si es que queremos una sostenibilidad real. Dentro del actual, la sostenibilidad es o localizada o inexistente.

Leonardo Boff es Teólogo y filósofo

martes, 20 de diciembre de 2011

Comunicado: La COP17 sucumbe ante el apartheid climático.

Compartimos el comunicado final emitido desde Durban, por Justicia Climática Ya!


10 de diciembre de 2011

La COP17 sucumbe ante el apartheid climático.
Su antídoto es el Acuerdo de los Pueblos de Cochabamba

Durban, Sudáfrica – Las decisiones resultantes de la COP17 de Naciones Unidas sobre Cambio Climático constituyen un crimen con la humanidad, de acuerdo a la coalición de movimientos y organizaciones de la sociedad civil, Justicia Climática Ahora! (CJN!).

En Sudáfrica, que inspiró al mundo por la lucha liberadora de la mayoría negra del país, las naciones ricas cínicamente han creado un nuevo régimen de apartheid climático.

“Posponer una acción real hasta el 2020 es un crimen de proporciones globales”, dijo Nnimmo Bassey, Presidente de Amigos de la Tierra Internacional. “Un aumento de las temperaturas globales en 4 grados Celsios, permitido con este plan, será una sentencia de muerte para África, los Pequeños Estados Insulares, y los más pobres y vulnerables del mundo. Esta Cumbre ha amplificado el apartheid climático, en el cual el 1% más rico ha decidido el sacrificio del 99% restante.

De acuerdo a Pablo Solón, anterior líder negociador del Estado Plurinacional de Bolivia, “es falso decir que un segundo periodo de compromiso de Kioto haya sido adoptado en Durban. La actual decisión ha sido meramente pospuesta para la siguiente COP, sin compromisos de reducciones de emisiones de los países ricos. Esto significa que el Protocolo de Kioto estará vigente hasta que sea reemplazado por un nuevo acuerdo que será inclusive más débil”.

Los contaminadores del mundo han bloqueado acciones reales y nuevamente han escogido sacar de apuros a los inversores y bancos, expandiendo los ya quebrados mercados de carbono, como ocurre con todas las actividades de los mercados financieros actuales, que principalmente enriquecen a unos pocos.

“Lo que se ve como una inacción, en realidad es una demostración de la falla palpable del actual sistema, que conlleva crisis económicas, sociales y ambientales”, dijo Janet Redman del Institute for Policy Studies de Washington. “Los bancos que causaron la crisis financiera ahora están haciendo bonanza, especulando y lucrando con el futuro del planeta. El sector financiero está buscando una manera de salir de la crisis desarrollando nuevas mercancías para tratar de apuntalar este sistema fallido”

A pesar de hablar de un “mapa de ruta”, ofrecido por la Unión Europea, el fracaso de Durban muestra que éste fue un callejón sin salida. Voceros de Climate Justice Now!llaman a la comunidad internacional a recordar que un programa real para enfrentar el cambio climático, debe basarse en las recomendaciones de los científicos, así como en mandato de los movimientos populares emergido en la Cumbre de los Pueblos sobre Cambio Climático y la Madre Tierra de Bolivia en 2010. El Acuerdo de Cochabamba fue presentado para su discusión en la UNFCCC en pero borrado del texto que se iba a negociar.


INFORMACIÓN ADICIONAL

SOBRE TECNOLOGÍA

"Las discusiones sobre tecnología han sido secuestradas por los países industrializados que hablan de parte de sus corporaciones transnacionales” dijo Silvia Ribeiro del la organización internacional ETG Group.

“La crítica al monopolio de patentes, o la evaluación ambiental, social y cultural de las tecnologías, no está entre los resultados de Durban Sin enfrentar estas preocupaciones fundamentales, los nuevos mecanismos tecnológicos serán meramente un brazo del mercado global para el beneficio de las corporaciones transnacionales que venden tecnologías peligrosas a los países del Sur, como son la nanotecnología, la biología sintética o la geoingeniería.

SOBRE AGRICULTURA

“La única manera de avanzar en materia de agricultura es apoyar las soluciones agro-ecológicas, y mantener a la agricultura fuera del merado de carbono” dijo Alberto Gómez, coordinador de la Via Campesina para Norteamérica, el mas grande movimiento campesino del mundo.

“Los negocios agroindustriales, a través de su modelo social, económico o cultural de producción, es una de las principales causas del cambio climático e incrementa el hambre en el mundo. Por eso rechazamos los Tratados de Libre Comercio, los Acuerdos de Asociación y toda forma de aplicación de derechos de propiedad intelectual sobre la vida; los actuales paquetes tecnológicos (agroquímicos, modificación genética) y aquellos otros que ofrecen falsas soluciones (agrocombustibles, nanotecnología o agricultura climática “inteligente”) solo exacerban la crisis actual”.

SOBRE REDD+ Y PROYECTOS DE CARBONO FORESTAL

“REDD+ amenaza la supervivencia de los pueblos indígenas y de las comunidades que dependen de los bosques. Numerosas y crecientes evidencias muestran que los pueblos indígenas están siendo sujetos a violaciones a sus derechos como resultado de la aplicación de políticas y programas tipo REDD” declaró la Alianza Global de Pueblos Indígenas y Comunidades Locales contra REDD y por la Vida.

En su comunicado, lanzado durante la primera semana de la COP17, declaran que “REDD+ y el Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL) promueven la privatización y mercantilización de los bosques, los árboles y el aire a través del comercio y compensación de carbono de los bosques, suelos, agricultura, y podría incluir hasta los océanos...Denunciamos que los mercados de carbono son una hipocresía que no detendrán el calentamiento global”.

SOBRE EL BANCO MUNDIAL Y EL FONDO CLIMÁTICO GLOBAL

"El Banco Mundial es un villano en la fracasada economía neoliberal”, señaló Teresa Almaguer de la Grassroots Global Justice Alliance de Estados Unidos.

“Necesitamos un fondo climático manejado con una gobernancia participativa, no por un institución antidemocrática que es en gran parte responsable de los trastornos climáticos y de la pobreza en el mundo”. El fondo Climático Mundial se ha convertido en el Fondo Codicioso Climático”, dijo Lidy Nacpil, de Jubileo Sur. “El Fondo ha sido secuestrado por los países ricos, bajos su términos, y establecido para dar mas ganancias al sector privado”.

SOBRE LA ECONOMÍA VERDE

Las políticas climáticas están dando un giro hacia la llamada “economía verde”; peligrosamente reducen sus compromisos éticos y responsabilidades históricas hacia una economía de calculo de eficiencia, de costo-beneficio, comercio y oportunidades de inversión. La mitigación y adaptación no deben ser tratadas como un negocio, ni tienen que estar condicionadas a la intervención del sector privado, ni menos orientados a una lógica de lucro. La vida no se vende !

SOBRE DEUDA CLIMÁTICA

“Los países industrializados del Norte están moralmente y legalmente obligados a reparar la deuda climática”, dijo Janet Redman, Co-directora de SEEN en el Institute for Policy Studies. “Los países desarrollados se hicieron ricos a expensas del planeta y del futuro de los pueblos, explotando carbón, o petróleo baratos. Ellos deben pagar por las pérdidas y daños resultantes, reduciendo drásticamente sus emisiones ahora, y apoyando financieramente a los países del Sur hacia un camino de energías limpias.

Los países desarrollados, asumiendo su responsabilidad histórica, deben honrar su deuda climática en todas sus dimensiones como base de una solución científica, justa y efectiva, lo que no debe ser solo compensación económica, sino justicia reparadora, entendida como una restitución integral a la Madre Tierra y a todos sus seres vivos. Llamamos a los países desarrollados a comprometerse a tomar acciones en este sentido. Solo esto puede, quizás reconstruir la confianza que se ha roto y avanzar por una camino mejor.

SOBRE LAS SOLUCIONES REALES

“La única solución real al cambio climático es dejar el petróleo, el carbón y las arenas bituminosas en subsuelo“, Ivonne Yanez, Acción Ecológica, Ecuador

miércoles, 10 de agosto de 2011

Debates - Los porqués del hambre por Esther Vivas

Los porqués del hambre
Esther Vivas

Vivimos en un mundo de abundancia. Hoy se produce comida para 12.000 millones de personas, según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), cuando en el planeta habitan 7.000. Comida, hay. Entonces, ¿por qué una de cada siete personas en el mundo pasa hambre?

La emergencia alimentaria que afecta a más de 10 millones de personas en el Cuerno de África ha vuelto a poner de actualidad la fatalidad de una catástrofe que no tiene nada de natural. Sequías, inundaciones, conflictos bélicos… contribuyen a agudizar una situación de extrema vulnerabilidad alimentaria, pero no son los únicos factores que la explican.

La situación de hambruna en el Cuerno de África no es novedad. Somalia vive una situación de inseguridad alimentaria desde hace 20 años. Y, periódicamente, los medios de comunicación remueven nuestros confortables sofás y nos recuerdan el impacto dramático del hambre en el mundo. En 1984, casi un millón de personas muertas en Etiopía; en 1992, 300.000 somalíes fallecieron a causa del hambre; en 2005, casi cinco millones de personas al borde de la muerte en Malaui, por solo citar algunos casos.

El hambre no es una fatalidad inevitable que afecta a determinados países. Las causas del hambre son políticas. ¿Quiénes controlan los recursos naturales (tierra, agua, semillas) que permiten la producción de comida? ¿A quiénes benefician las políticas agrícolas y alimentarias? Hoy, los alimentos se han convertido en una mercancía y su función principal, alimentarnos, ha quedado en un segundo plano.

Se señala a la sequía, con la consiguiente pérdida de cosechas y ganado, como uno de los principales desencadenantes de la hambruna en el Cuerno de África, pero ¿cómo se explica que países como Estados Unidos o Australia, que sufren periódicamente sequías severas, no padezcan hambrunas extremas? Evidentemente, los fenómenos meteorológicos pueden agravar los problemas alimentarios, pero no bastan para explicar las causas del hambre. En lo que respecta a la producción de alimentos, el control de los recursos naturales es clave para entender quién y para qué se produce.

En muchos países del Cuerno de África, el acceso a la tierra es un bien escaso. La compra masiva de suelo fértil por parte de inversores extranjeros (agroindustria, Gobiernos, fondos especulativos…) ha provocado la expulsión de miles de campesinos de sus tierras, disminuyendo la capacidad de estos países para autoabastecerse. Así, mientras el Programa Mundial de Alimentos intenta dar de comer a millones de refugiados en Sudán, se da la paradoja de que Gobiernos extranjeros (Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Corea…) les compran tierras para producir y exportar alimentos para sus poblaciones.

Asimismo, hay que recordar que Somalia, a pesar de las sequías recurrentes, fue un país autosuficiente en la producción de alimentos hasta finales de los años setenta. Su soberanía alimentaria fue arrebatada en décadas posteriores. A partir de los años ochenta, las políticas impuestas por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial para que el país pagara su deuda con el Club de París, forzaron la aplicación de un conjunto de medidas de ajuste. En lo que se refiere a la agricultura, estas implicaron una política de liberalización comercial y apertura de sus mercados, permitiendo la entrada masiva de productos subvencionados, como el arroz y el trigo, de multinacionales agroindustriales norteamericanas y europeas, quienes empezaron a vender sus productos por debajo de su precio de coste y haciendo la competencia desleal a los productores autóctonos. Las devaluaciones periódicas de la moneda somalí generaron también el alza del precio de los insumos y el fomento de una política de monocultivos para la exportación forzó, paulatinamente, al abandono del campo. Historias parecidas se dieron no solo en países de África, sino también en América Latina y Asia.

La subida del precio de cereales básicos es otro de los elementos señalados como detonante de las hambrunas en el Cuerno de África. En Somalia, el precio del maíz y el sorgo rojo aumentó un 106% y un 180% respectivamente en tan solo un año. En Etiopía, el coste del trigo subió un 85% con relación al año anterior. Y en Kenia, el maíz alcanzó un valor 55% superior al de 2010. Un alza que ha convertido a estos alimentos en inaccesibles. Pero, ¿cuáles son las razones de la escalada de los precios? Varios indicios apuntan a la especulación financiera con las materias primas alimentarias como una de las causas principales.

El precio de los alimentos se determina en las Bolsas de valores, la más importante de las cuales, a nivel mundial, es la de Chicago, mientras que en Europa los alimentos se comercializan en las Bolsas de futuros de Londres, París, Ámsterdam y Fráncfort. Pero, hoy día, la mayor parte de la compra y venta de estas mercancías no corresponde a intercambios comerciales reales. Se calcula que, en palabras de Mike Masters, del hedge fund Masters Capital Management, un 75% de la inversión financiera en el sector agrícola es de carácter especulativo. Se compran y venden materias primas con el objetivo de especular y hacer negocio, repercutiendo finalmente en un aumento del precio de la comida en el consumidor final. Los mismos bancos, fondos de alto riesgo, compañías de seguros, que causaron la crisis de las hipotecas subprime, son quienes hoy especulan con la comida, aprovechándose de unos mercados globales profundamente desregularizados y altamente rentables.

La crisis alimentaria a escala global y la hambruna en el Cuerno de África en particular son resultado de la globalización alimentaria al servicio de los intereses privados. La cadena de producción, distribución y consumo de alimentos está en manos de unas pocas multinacionales que anteponen sus intereses particulares a las necesidades colectivas y que a lo largo de las últimas décadas han erosionado, con el apoyo de las instituciones financieras internacionales, la capacidad de los Estados del sur para decidir sobre sus políticas agrícolas y alimentarias.

Volviendo al principio, ¿por qué hay hambre en un mundo de abundancia? La producción de alimentos se ha multiplicado por tres desde los años sesenta, mientras que la población mundial tan solo se ha duplicado desde entonces. No nos enfrentamos a un problema de producción de comida, sino a un problema de acceso. Como señalaba el relator de la ONU para el derecho a la alimentación, Olivier de Schutter, en una entrevista a EL PAÍS: “El hambre es un problema político. Es una cuestión de justicia social y políticas de redistribución”.

Si queremos acabar con el hambre en el mundo es urgente apostar por otras políticas agrícolas y alimentarias que coloquen en su centro a las personas, a sus necesidades, a aquellos que trabajan la tierra y al ecosistema. Apostar por lo que el movimiento internacional de La Vía Campesina llama la “soberanía alimentaria”, y recuperar la capacidad de decidir sobre aquello que comemos. Tomando prestado uno de los lemas más conocidos del Movimiento 15-M, es necesaria una “democracia real, ya” en la agricultura y la alimentación.

*Esther Vivas, del Centro de Estudios sobre Movimientos Sociales de la Universidad Pompeu Fabra, es autora de "Del campo al plato. Los circuitos de producción y distribución de alimentos".

*Artículo en El País, 30/07/2011.

+info: http://esthervivas.wordpress.com

martes, 17 de mayo de 2011

Los qom y la (nueva) decadencia de Occidente, por Eduardo Gruner

http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-168236-2011-05-16.html

Los qom y la (nueva) decadencia de Occidente

Por Eduardo Grüner *

1 ¿Cuántas historias hay en la Historia? Desde 1492, una sola: se ha naturalizado que la Historia –y ni siquiera toda ella, sino la de las clases dominantes– de la humanidad es la historia de una pequeñísima porción de ella (véase cuánta superficie ocupa Europa en el mapamundi), y la de una concepción, o una “filosofía”, de la historia, que es muy, pero muy reciente (no más de 500 años: para la historia total de la humanidad, como decir hace cinco minutos). Con una típica operación de fetichismo ideológico, esa pequeña parte se ha transformado en el sentido común del todo. En nuestras escuelas secundarias, por ejemplo, se sigue enseñando la “Edad Media” como uno de los grandes períodos de la Historia: los grandes terratenientes y la servidumbre de la gleba, los conflictos de la aristocracia feudal con la monarquía centralizadora, los de esta última con el papado, las cruzadas y las guerras de religión, etcétera. Todas cosas, evidentemente, que no pueden faltar en la formación de un adolescente. Ahora bien: ¿qué diantres puede querer decir todo esto para los bantú del Africa subsahariana, para los chipaya del altiplano boliviano, para los tunguses de la estepa siberiana? Es decir –si continuáramos la lista de todas las sociedades y culturas históricas que no han atravesado aquellos procesos–, de algo así como el 90 por ciento de la humanidad (incluyendo a una buena parte de Europa, especialmente oriental, cuyo “feudalismo” fue radicalmente distinto del de Inglaterra o Francia). En fin, que una pequeñísima porción de esa humanidad, como decíamos, ha logrado construir la “evidencia” de que su historia es la Historia sin más. Esto solía tener un nombre prestigioso, más o menos acuñado por Gramsci: “Hegemonía cultural”. Semejante hegemonía –que afecta nada menos que a toda nuestra mismísima idea de la historia en su conjunto– sólo pudo imponerse gracias a la conquista y la colonización multisecular, que “redondeó” al mundo “bajo la mirada de Occidente” (para citar un famoso título de Joseph Conrad). A esta altura, ya no hace falta seguir argumentando el carácter genocida de esa (bien llamada) “empresa”: un genocidio “objetivo” que es el más gigantesco que haya conocido la historia humana, causando el desastre no sólo de un continente, sino de dos, ya que tal “empresa” incluyó asimismo la catástrofe demográfica de buena parte de Africa mediante la esclavitud. Pero quizá sí sea necesario seguir argumentando las diversas formas en que ello implicó también un no menos gigantesco etnocidio o “culturicidio”. También fueron “colonizadas”, y en muchos casos directamente “desaparecidas”, las otras lógicas históricas, culturales, económicas, políticas, religiosas, artísticas o poéticas que esa diversidad casi infinita de sociedades representaban. Esa primera “globalización” empobreció la variedad civilizatoria con su unificación forzada bajo la lógica hegemónica y bajo el tiempo “homogéneo y vacío” (diría Walter Benjamin) de la expansión mundializada del capital. Como afirma, si bien refiriéndose a la destrucción del politeísmo, Sergio Bergallo, en un notable libro titulado La destrucción de los dioses: “Milenios de sabiduría, de caminos abiertos para el género humano, fueron literalmente sepultados”.

2 Entre esos “caminos abiertos” ahora sepultados estaba, por supuesto, el de los qom/tobas, así como el de cientos y cientos de esos pueblos que, en efecto, estaban ab origem (en el comienzo). Allí había, por ejemplo, mitologías y cosmogonías que no por no responder al logos hoy totalmente tecnificado de la ciencia moderna dejaban de bucear en el sentido de un universo enigmático. Pero también había –porque para ellos formaba parte de una totalidad compleja y diversa pero integral– formas de producción, de cooperación social, de organización política y económica sustantivamente democráticas que incluían un profundo respeto por la tierra y la naturaleza, y que eran desde ya estructuralmente incompatibles con el avance del capital agrario transnacionalizado, de la invasión sojera, de la minería contaminante, de la especulación territorial y financiera global. Tenían que ser sepultadas, y lo fueron. Se perdió así un “modelo”, entre tantos otros posibles, radicalmente alternativo a “lo que hay”. Un modelo que –como explicaba el heterodoxo antropólogo francés Pierre Clastres– no es el de una sociedad sin política, sino el de una sociedad contra la política entendida como el gerenciamiento represivo de los negocios de las clases dominantes; no una sociedad sin “excedente de producción”, sino contra el excedente de producción que implica la mercantilización de todo lo existente y el consumismo desenfrenado. Que se nos entienda bien. No se trata de hacer demagogia romántica, de alucinar un retorno a algún paraíso del “buen salvaje” (que bien puede ser la versión “progre” del etnocentrismo colonial). Pero sí de entender, mediante el “caso” qom, tomándolo como “analizador”, que en nuestro planeta puede haber otras cosas que el “modelo” capitalista/neodesarrollista, que podrá tener algunas ventajas respecto del neoliberalismo conservador más (él sí) “salvaje”, pero que no por eso deja de pertenecer a la misma lógica de destrucción de lo que no se someta a ella. Las comunidades qom –así como tantas otras, insistimos– han perdido la mayor parte de sus tierras, han sido dispersadas, “desterritorializadas” (como gustan decir los “pensadores” posmodernos, creyendo que eso es siempre algo bueno; y quizá lo sea... en París), sus miembros se han visto obligados a “ingresar” al mercado de superexplotación de la fuerza de trabajo. Por la puerta más chica, claro: en general, pasando a formar parte de la ocupación “informal” (una palabra repugnante por su frivolidad: como si se dijera que se visten “informalmente”), es decir fuera del mundo, que todavía está rayana en cerca del 40 por ciento de la fuerza de trabajo. Eso, en el mejor de los casos; en el peor, condenados al hambre, la miseria, la desesperación dentro del (in)mundo. Y, como se ha visto en los últimos meses, al asesinato sumario. Caídos en lo peor de todos los infiernos: tras el despojo, el racismo, y tras este desclasamiento, aún antes de haber entrado a su nueva “clase”, y finalmente la liquidación física. El punto de cruce perfecto entre la “historia” de medio milenio de genocidio y la “modernidad” de la explotación clasista más actual. Lo de los qom no es una anécdota o un conflicto coyuntural: es un símbolo universal.

3 En este diario, en los últimos días, se publicaron dos muy atendibles artículos sobre el problema qom, a cargo de Washington Uranga y de Mempo Giardinelli. Son atendibles, entre otras razones, porque sus autores se declaran simpatizantes, en muchos aspectos, del actual gobierno argentino. Sin embargo, no retroceden ante el imperativo de una dura crítica a las máximas autoridades de ese gobierno por su silencio ante las justísimas demandas qom. Es un rasgo de encomiable consecuencia, o, como se decía en otras épocas, de coraje cívico. Demuestra que un intelectual puede y debe ir más allá de sus adhesiones inmediatas cuando hay que poner el dedo en una llaga dolorosa. Pero me permito, muy humildemente, proponer que hundamos el dedo a fondo. Hasta el codo. Y me temo que entonces tendríamos que decir algo bien antipático y aguafiestas: con cualquier variante del actual “modelo” de acumulación capitalista mundial –y nuestro país sigue estando, con sus peculiaridades, allí, ¿o no?–, el problema qom no tiene solución de fondo posible. Se puede, y se debe, pelear para que las autoridades nacionales los reciban, los escuchen, les den, sí, la razón que ya tienen, les devuelvan sus tierras, lo que fuera. Tal vez, incluso, todo eso se consiga –aunque habrá que luchar muchísimo–. Pero en algún momento nos encontraremos con un paredón infranqueable: en lo inmediato, será con el sistema de alianzas políticas y económicas que esas autoridades no parecen muy dispuestas a romper, incluyendo a alguna gobernación que es por lo menos políticamente responsable de los despojos y las muertes; en lo más mediato, con aquel “modelo” de acumulación que lleva inscriptos constitutivamente estos agujeros negros (el de los qom es sólo uno) que está “por naturaleza” incapacitado para clausurar. La “mancha” qom sobre la 9 de Julio es un corte a los entusiasmos desmesurados y acríticos. Es así. Habrá que hacerse cargo, y extraer las consecuencias que cada cual crea pertinentes.

4 En todo caso, hay una de esas consecuencias que ya no se puede ocultar más: el Occidente capitalista del cual seguimos, con los matices que se quieran, formando parte –no se ha escuchado todavía que el “modelo” contemple la alternativa de lo que Samir Amin llamaba la “desconexión”– está entrando en estado de crisis terminal, como se puede leer todos los días en las noticias europeas o norteamericanas. El colapso económico –que aceleradamente, también todos los días, precipita en la pobreza a las masas más desprotegidas de los imperios– se combina siniestramente con la exacerbación del racismo, frecuentemente homicida, contra la inmigración proveniente de aquellas otras “historias” que esos imperios fagocitaron. Ellos tienen sus propios qom. Mientras tanto, las cosas realmente interesantes, la posibilidad de nuevos “caminos abiertos”, también se está gestando en ese “afuera” de las otras historias, aun con todas sus contradicciones, incertidumbres, brumosidades: en las rebeliones del mundo árabe (que también son, o pueden devenir, rebeliones contra ese Occidente capitalista que durante décadas sostuvo a los déspotas sobre sus barriles de petróleo), o en los esfuerzos latinoamericanos –ante todo de los pueblos, más que de los gobiernos– por interrogar críticamente todo lo que en las últimas décadas parecía no tener vuelta, y por recuperar la multiplicidad de sus historias plurales. Tal vez el camino, alguna vez “abierto”, del Occidente único amo de la Historia haya empezado también a sepultarse, esta vez por sus propias manos. Ojalá –porque no es cuestión de celebrar ningún desastre de manera unilateral e irresponsable– que de ese hundimiento podamos rescatar los caminos que siempre permanecerán abiertos si sabemos recorrerlos a nuestra propia manera: los de Homero, Shakespeare, Miguel Angel o Beethoven, por decir algo. Y de los qom.

* Sociólogo, profesor de Teoría Política (UBA).

martes, 17 de agosto de 2010

Debates - Pérdida de biodiversidad

- - - Servicio Informativo "Alai-amlatina" - - -

No se cumplen los compromisos y la situación empeora
Pérdida de biodiversidad

Soledad Ghione

ALAI AMLATINA, 04/08/02010.- A medida que la atención se concentra más y más en los temas ambientales globales, como el cambio climático, se olvidan problemas locales como la alarmante pérdida de biodiversidad. Los gobiernos no lograrán cumplir su promesa de llegar a 2010 con una reducción significativa de la pérdida de diversidad biológica. Esto lo acaba de reconocer el Centro de Monitoreo para la Conservación Mundial, dependiente de Naciones Unidas y la noticia no generó ningún escándalo, sino que pasó desapercibida.

En efecto, los países firmantes del Convenio sobre la Diversidad Biológica acordaron en 2002 que debían lograr una significativa reducción en el ritmo de pérdida de biodiversidad para el año 2010 – el año internacional de la diversidad biológica.

La reciente evaluación de esa meta, encabezada por el Dr. Stuart H. M. Butchart, del Centro de Monitoreo para la Conservación Mundial del PNUMA (Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente), se basó en una serie de indicadores, tales como la apropiación de recursos naturales, el número de especies amenazadas, la cobertura de áreas protegidas, la extensión de bosques tropicales y manglares y el estado de los arrecifes de coral. El período que consideraron fue amplio: de 1970 a 2006.

Los resultados son concluyentes en demostrar que la biodiversidad ha declinado durante las últimas cuatro décadas. Esta disminución se observó en distintos grupos animales, como mamíferos o aves. Se redujo la extensión de los bosques y los manglares y se deterioran las condiciones marinas, por ejemplo en las zonas con arrecifes de coral. Las tendencias agregadas de los indicadores de estado también han empeorado. En ningún caso se identificaron reducciones en cuanto a los ritmos de pérdidas.

La información parcial disponible también apunta a que los ambientes naturales se subdividen y fragmentan, con lo cual su calidad como reservorio de fauna y flora se deteriora. Por ejemplo, en el caso de la Selva Atlántica en Brasil, que en el pasado fue el segundo bosque más extenso en América del Sur y del cual sólo se conserva aproximadamente el 10%, ha quedado fragmentado en parcelas diminutas (el 80% de los remanentes tienen una extensión menor a 0.5 km2).

El estudio muestra además el agravamiento de otros procesos, como un mayor consumo de los bienes que producen los ecosistemas o la invasión de especies exóticas que desplazan a las nativas. En ningún caso se identificaron reducciones en las presiones sobre los ecosistemas.

Esta evaluación no desconoce algunos avances y tendencias positivas, como un aumento en la cobertura de las áreas protegidas, la inclusión bajo protección de nuevos sitios clave para la biodiversidad o el aumento de la superficie de bosques manejados en forma sostenible (1.6 millones de km2).

Sin embargo, el balance final indica que a escala global es altamente improbable que se hayan cumplido los objetivos de conservación fijados para 2010. Los esfuerzos realizados para conservar la biodiversidad, claramente han sido inadecuados, con un desfasaje importante entre las crecientes presiones humanas y una serie de respuestas lentas e insuficientes.

Estos resultados son consistentes con la evaluación preliminar de la situación ambiental sudamericana, dada a conocer recientemente por CLAES, donde se alerta que el resultado final entre las presiones y los usos de la Naturaleza, y las medidas de conservación es un continuo aumento del deterioro ecológico.

Esta grave situación está pasando desapercibida en tanto la discusión latinoamericana en temas ambientales está cada día más absorbida por los temas del cambio climático global. Es necesario alertar sobre estas tendencias y redoblar los esfuerzos para que los gobiernos y las sociedades, promuevan medidas más efectivas de conservación, se incluya realmente esa dimensión en las estrategias de desarrollo y se le otorgue el financiamiento y respaldo indispensable para cumplir con los compromisos asumidos años atrás.

- Soledad Ghione es investigadora en CLAES (Centro Latino Americano Ecología Social) – www.ecologiayconservacion.com


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viernes, 30 de abril de 2010

Debates - La deuda climática como una estrategia política subversiva

- - - Servicio Informativo "Alai-amlatina" - - -

La deuda climática como una estrategia política subversiva

Nicola Bullard

ALAI AMLATINA, 19/04/2010.- Quizás sin entender plenamente el significado ni las implicaciones, los movimientos progresistas han gravitado en torno a la consigna de la "deuda climática" como un camino hacia el complejo mundo de las negociaciones sobre el clima.

Es fácil entender por qué: la deuda es un concepto simple y en un mundo justo, las deudas deben ser pagadas. Sin embargo, -más que eso- la noción de deuda climática llega al centro de la política en torno al cambio climático. Plantea la cuestión central de la responsabilidad histórica y de quién debe a quién y para qué. Y mediante la redefinición de la "deuda" como un problema sistémico en lugar de un problema financiero, replantea las tradicionales relaciones entre ricos y pobres. Por lo general, son los ricos quienes son los acreedores, exigiendo el pago a los pobres, pero la deuda climática invierte esta relación: ahora son los pobres y los marginados -el Sur Global- quienes reclaman sus deudas, no para beneficio personal, sino para el futuro de la humanidad y la Madre Tierra.

En tal sentido, la deuda climática es una idea potente que vincula problemáticas, grupos sociales y estrategias, con el atractivo añadido de usar un lenguaje sencillo como un caballo de Troya para introducir ideas complejas y potencialmente subversivas. Pero si no tenemos una idea clara de lo que "nosotros" entendemos por deuda climática, siempre existe el riesgo de que los principios e ideas que la sustentan sean cooptadas y se diluyan. Tal vez no exista una definición definitiva de la deuda climática, pero como movimientos y activistas por la justicia social, es útil tener una visión común de lo que queremos decir, y lo que estamos pidiendo.

¿Qué es la deuda climática?

El concepto de deuda ecológica ha estado presente durante varios años. Acción Ecológica de Ecuador habla de la deuda ecológica como "la deuda acumulada por los países del Norte industrial hacia los países y pueblos del Sur a causa del saqueo de recursos, los daños ambientales y la ocupación libre del espacio ambiental como depósito de desechos, tales como los gases de efecto invernadero".

En términos contables, la deuda climática es sólo un renglón en el balance mucho mayor de la deuda ecológica, pero puede ser dividida en partes comprensibles y medibles.

Una parte de la deuda climática se refiere a los impactos de la emisión excesiva de gases de efecto invernadero que causan el calentamiento global: fenómenos climáticos extremos y frecuentes, inundaciones, sequías, tormentas, pérdida de tierras cultivables y de la biodiversidad, enfermedades, falta de acceso a la tierra, migración, pobreza y muchos más. En el lenguaje de la ONU, estos impactos humanos muy reales son agrupados y puestos en "cuarentena" como los costos de "adaptación".

Un segundo elemento de la deuda climática es el costo de la reorganización de las sociedades y las economías de tal manera que las emisiones de gases de efecto invernadero sean radicalmente reducidas: es lo que se llama mitigación, y abarca a casi todos los aspectos de la actividad humana desde la agricultura, la energía y el transporte, hasta la forma en que las ciudades se organizan, los patrones de consumo y el comercio mundial. Para el gobierno boliviano es equivalente a una "deuda por desarrollo", que sería compensada al garantizar que todas las personas tengan acceso a servicios básicos y que todos los países sean lo suficientemente industrializados para garantizar su independencia.

Una tercera parte de la deuda es más difícil de calcular: algunos lo llaman la deuda de las emisiones. Se refiere al hecho de que los países ricos han gastado la mayor parte de la capacidad de la atmósfera para absorber gases de efecto invernadero, sin dejar "espacio atmosférico" para el que el Sur pueda "crecer". Dado que existe una correlación muy alta entre el crecimiento económico y las emisiones de gases de efecto invernadero en el contexto tecnológico actual, esto equivale a decir que los países en desarrollo deben limitar su crecimiento económico. La única manera de compensar esta deuda es si los países ricos reducen drásticamente sus propias emisiones.

El gobierno boliviano incluye otros dos elementos en el cálculo de la deuda climática. Además de la adaptación, la mitigación y la deuda de las emisiones, identifica una "deuda de migración", que quedaría compensada por el abandono de prácticas restrictivas de la migración y con el tratamiento de todos los seres humanos con dignidad; y, por último, la deuda con la Madre Tierra.

De acuerdo con el gobierno boliviano, esta deuda es "imposible de compensar por completo, debido a que las atrocidades cometidas por la humanidad han sido demasiado terribles. Sin embargo, la compensación mínima de esta deuda consiste en reconocer el daño causado y la adopción de una Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de la Madre Tierra, para garantizar que los mismos abusos no se repitan nunca más en el futuro. "

Teniendo en cuenta todos estos componentes, la deuda de los ricos a los pobres es inconmensurable.

¿Quién es responsable de la deuda climática?

Esta pregunta está en el centro de las negociaciones de la CMNUCC, pues, detrás del lenguaje técnico, en el fondo se trata de dinero e intereses económicos. Es por eso que EE.UU. impulsó el Acuerdo de Copenhague durante la COP 15; para redefinir quién es responsable y así evitar el pago de sus cuotas.

La situación actual es que los países ricos -y especialmente los que tienen la mayor acumulación de emisiones históricas- simplemente no están dispuestos a pagar su deuda. Después de haber acumulado su riqueza y seguridad sobre las espaldas de los pobres, a través de la destrucción de la naturaleza y la extracción de recursos, los países europeos ricos, EE.UU., Japón, Australia y Canadá se niegan a pagar la factura, tanto en términos de los costes reales de mitigación y adaptación, como también en términos de cambiar su propio consumo despilfarrador. No sólo se niegan a reducir sus propias emisiones –y de esta forma trasladan a los demás la carga de la reducción- sino que también están tratando de echar la culpa a los países en desarrollo como China, Brasil e India, cuyas emisiones actuales están creciendo a un ritmo rápido.

¿La deuda se podrá pagar?

Si bien algunos aspectos de la deuda se pueden contar y calcular -por ejemplo, los costos de las tecnologías limpias, la restauración de los bosques devastados, el recambio a la agricultura sostenible o la construcción de infraestructura apropiada al clima-, la deuda real no puede ser calculada. Es mucho más que una cifra o dinero; la deuda climática simboliza más de 500 años de relaciones desiguales entre el Norte y el Sur, entre ricos y pobres, entre explotadores y explotados.

La deuda climática es también una medida de la total locura del capitalismo -ya sea como mercado libre o estatal- como modelo para la gestión de la sociedad humana y los ecosistemas de la Tierra. En última instancia, la única manera de que la deuda se podría pagar es asegurando que las relaciones históricas de desigualdad sean rotas de una vez por todas y que no se acumulen "nuevas" deudas. Esto requiere de un cambio de sistema, tanto en el Norte como en el Sur. Por eso la deuda climática es una idea tan subversiva. (Traducción ALAI).

- Nicola Bullard es integrante de Focus on the Global South -con sede en Bangkok, Tailandia-. http://www.focusweb.org

Publicado en América Latina en Movimiento Nº 454, abril de 2010, “Por un nuevo amanecer para la Madre Tierra”, coedición ALAI – Fundación Solón.
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lunes, 12 de abril de 2010

Debates - COMBUSTIBLES FÓSILES, CAPITALISMO Y LUCHA DE CLASES

COMBUSTIBLES FÓSILES, CAPITALISMO Y LUCHA DE CLASES

Por Tom Keefer (*).-

El desarrollo de las vastas y no convencionales arenas bituminosas[1] en Alberta (Canadá), constituye uno de los últimos esfuerzos destinados a encontrar una fuente de energía fósil capaz de mantener y expandir el crecimiento económico capitalista,


En un momento en el que las reservas convencionales de petróleo –la fuente de energía que impulsó la era industrial del siglo XX- están llegando a un punto límite (peak oil) y entrando en un irreversible período de declinación. A pesar de las enormes inversiones hechas en nueva tecnología para el descubrimiento y la recuperación, la producción convencional de petróleo ha estado cayendo progresivamente en la última década en los países no-OPEP, y peor aún, los grandes productores de la OPEP[2] han sido incapaces en los últimos años de aumentar significativamente su propia producción. El cambio hacia alternativas no-convencionales como la de las arenas bituminosas de Alberta, trae consigo grandes problemas –como un incremento dramático de las emisiones de gases de efecto invernadero, el envenenamiento del agua y la destrucción del suelo, la desposesión de comunidades indígenas, la explotación de trabajadores locales y extranjeros- que tienen como consecuencia una agudización de las contradicciones de clase y de la utilización de combustible fósil en el capitalismo del siglo XXI.

Este artículo busca poner dicho desarrollo en un contexto histórico mucho más amplio –que tiene que ver con el proceso de crecimiento y desarrollo capitalista de los últimos 500 años. Sugeriré que para entender y oponerse con éxito al crecimiento de las arenas bituminosas -en el que ha sido señalado como el más grande proyecto industrial en la historia de la humanidad-, necesitamos desarrollar perspectivas teóricas que señalen las debilidades de la división entre la mayoría de las luchas ambientales y de clase hoy en día. Nuestra matriz ecologista debe ganar densidad a partir del análisis clasista de la dinámica del capitalismo y su dependencia de las diversas fuentes de energía, y nuestra estrategia en la lucha de clases debe integrar un análisis acerca de la importancia de la circulación de energía y materiales para el desenvolvimiento del crecimiento y desarrollo capitalista.

Este artículo sostendrá que en el curso de la historia, el capitalismo ha enfrentado numerosas crisis potencialmente terminales derivadas de las consecuencias del desequilibrio ecológico, la resistencia de los explotados y los desposeídos, y la forma en que diversos regímenes de energía han constreñido o permitido la expansión capitalista. Sugeriré que el sistema capitalista global contemporáneo se encuentra en el umbral de otra crisis, que a su vez se cruza con las líneas de falla del colapso ecológico, los límites de la termodinámica y la intensificación de la lucha de clases ocasionada por esas circunstancias.

Al focalizarnos particularmente en el desarrollo de una teoría acerca de cómo el capitalismo como sistema económico utiliza la energía, debemos clarificar no sólo qué entendemos por capitalismo, sino también explicar cómo ha evolucionado. Me baso en el trabajo de Robert Brenner, que postula a partir de Marx, que las leyes de movimiento del capitalismo y otras sociedades de clase pueden ser comprendidas de mejor manera observando las relaciones sociales concretas que gobiernan la dinámica entre aquellos que producen la riqueza en la sociedad y aquellos que se la apropian[3]. En la década de 1970, Robert Brenner desarrolló la convincente tesis de que el capitalismo tuvo sus orígenes en la campiña inglesa, cuando luego de la devastación ocasionada por la peste negra en el siglo XIV[4], la clase terrateniente inglesa, consolidada y unida por la invasión normanda de 1066[5], encabezó un nuevo modelo económico fundamentalmente diferente del tradicional sistema feudal al que reemplazó. En este nuevo sistema los propietarios de la tierra cercaron las de uso comunal y expulsaron a los campesinos, rentando luego las tierras a agricultores capitalistas, que a su vez, contrataron a los campesinos desplazados como trabajadores asalariados.

El capitalismo, argumenta Brenner, fue en sus orígenes un sistema agrícola que obtenía sus ganancias y plusvalor[6] de la clase trabajadora-campesina que explotaba. Al expandirse la productividad en Inglaterra y al ser desplazados nuevos campesinos, las relaciones capitalistas viraron hacia nuevas industrias –textiles y artesanías- en las que fueron impuestas nuevas normas de disciplina y administración, y sobre las que luego se asentó el marco general del capitalismo industrial.

A pesar de que esto parezca historia antigua para muchos activistas hoy en día, las restricciones que el capitalismo enfrentó en su infancia pueden proporcionar pistas acerca de sus contradicciones presentes al enfrentar una futura declinación de la disponibilidad de combustibles fósiles. El capitalismo “joven” –mientras todavía era un sistema agrícola y antes de que se estableciera firmemente en el resto de Europa- enfrentó obstáculos que parecieron insalvables para su desarrollo futuro. La primera y más obvia de esas barreras surgió a partir de la ruptura del antiguo régimen feudal y el modo de producción de subsistencia que el capitalismo reemplazó, y la enorme y creciente cantidad de personas que desposeyó y explotó. A pesar de que la emigración forzosa absorbió una parte significante de la población sobrante, la resistencia a la explotación capitalista constituyó un tema serio y en repetidas ocasiones tomó la forma de alzamientos armados –por ejemplo la Revuelta de los Mendigos en la Navidad de 1582, la Insurrección de los Borrachos de 1586, la Revuelta de los Trabajadores del Fieltro de 1591, y la de los Trabajadores de Velas de Southwark de 1592, por mencionar algunas. Las perspectivas abiertamente revolucionarias de los Levellers y los Diggers[7] en la Revolución Inglesa de 1648 llevaron esto a un nivel superior en un intento por derrocar al mismo capitalismo agrícola.

El otro gran problema del “joven” capitalismo fue la creación de una crisis ecológica que amenazaba su propia existencia. Con el auge de la economía, los bosques ingleses fueron devastados al ser la fuerte de energía primaria para el combustible utilizado como calefacción y en la producción de hierro. Para el 1600 la deforestación había llegado a tal nivel que los capitalistas fueron forzados a embarcar hierro a Irlanda, donde subsistían buenas reservas de madera. El segundo problema ecológico surgió de la naturaleza intensiva del capitalismo agrícola, que ocasionó una fertilidad decreciente del suelo. Se creó una “fisura metabólica” debido al hecho de que mientras los moradores de la ciudad se alimentaban con frutas, vegetales y carnes producidas en el campo, los nutrientes contenidos en esos alimentos no regresaban a los suelos, y esto creó un creciente problema de agotamiento de los mismos[8]. En una era anterior a los fertilizantes sintéticos, la falla al reciclar nutrientes representó un desastre ecológico persistente y progresivo tan serio, que los británicos trajeron restos humanos de los campos de batalla napoleónicos para desparramar los huesos de los muertos en sus campos como fertilizante, e iniciaron la búsqueda global de guano, que fue transportado por millones de toneladas para ser utilizado a tales efectos.

En el momento en que enfrentaba serios límites ecológicos y cuando la resistencia de la clase trabajadora amenazaba con derrocar todo el sistema, el capitalismo fue salvado por el descubrimiento de abundantes y accesibles combustibles fósiles en Inglaterra. Ese país tenía enormes reservas de carbón de alta calidad que se encontraban cerca de la superficie y en zonas aledañas a ríos que facilitaban su transporte. Esta utilización del carbón no sólo resolvió el problema de la calefacción en los hogares y la producción de hierro, sino que también estimuló el desarrollo de maquinarias alimentadas con combustibles fósiles, como las que contaban con motores a vapor que se utilizaron para explotar las minas de carbón. Esas nuevas máquinas se convirtieron en la base de la revolución industrial al producir cantidades significantes de potencia y siendo capaces de operar las 24 horas del día. La construcción de barcos a vapor y casco de hierro permitió la proyección imperial alrededor del globo, la conquista de pueblos indígenas, y permitió la importación de comestibles y fertilizantes necesarios para quitar presión a la agricultura inglesa, hasta el momento en que los mismos combustibles fósiles fueron utilizados para crear fertilizantes necesarios para que la agricultura moderna pudiese sobreponerse al problema de la fertilidad decreciente del suelo.

El descubrimiento y aprovechamiento de la energía proveniente de combustibles fósiles permitió al capitalismo ir más allá de las limitaciones de las “energías bióticas” dependientes de la circulación de energía solar. Este cambio hizo posible el desarrollo de la globalización capitalista al unificar las economías nacionales y al permitir la proyección del poder económico y militar a escala global. Como argumenta Elmar Altvater:

“Mientras la ‘relación social con la naturaleza’ estuvo basada en energías bióticas, en el suelo y los frutos a los que ofrecía soporte, en la velocidad y posibilidades de un carruaje de buey o caballo desvencijado, en el tonelaje, maniobrabilidad y velocidad de un navío y en el arte de la navegación, la posibilidad material de superar esos límites de espacio y tiempo era escasa y la capacidad de crear un orden mundial se mantenían restringidas”[9]

Altvater sugiere que esta apropiación de la energía de combustibles fósiles hizo posible por primera vez un verdadero “orden mundial” en el que el “metabolismo de la humanidad, la sociedad y la naturaleza alcanzó una escala global”[10]. Altvater va tan lejos como para sugerir que “sin las energías fósiles ni el proceso de producción capitalista y acumulación, ni el moderno mercado monetario mundial podría existir”[11].

Además de resolver la temprana crisis ecológica, la integración de combustibles fósiles a la producción capitalista ha jugado un rol central al contener la resistencia de la clase trabajadora. El capitalismo produce plusvalor a partir de la explotación del trabajo humano de dos maneras –en términos absolutos y relativos. La extracción de plusvalor absoluto proviene del trabajo con más intensidad, más rápido, más horas por día, y por menos paga[12]. La extracción de plusvalor relativo involucra un aumento de la productividad de los trabajadores que les permita producir más por cada hora trabajada. El incremento en el plusvalor relativo a partir de la introducción de maquinaria en el proceso de producción ha sido la estrategia preferida de los capitalistas, porque al aumentar el producto económico, los capitalistas pueden costear incrementos de salario al mismo tiempo que continuar cosechando mayores ganancias. La llave para aumentar el plusvalor relativo descansa en la producción basada en maquinarias, y la construcción de una sociedad basada en máquinas era imposible sin un previo desarrollo del régimen de energía de combustibles fósiles.

Bajo el capitalismo, Marx sostiene, la maquinaria no es sólo un “competidor superior para el trabajador” sino un “poder hostil a él. Es el arma más poderosa para suprimir huelgas, esas periódicas revueltas de la clase trabajadora contra la autocracia del capital”[13]. De hecho, agrega, “sería posible escribir toda una historia de las invenciones hechas desde 1830 con el único propósito de proveer al capital con armas contra las revueltas de la clase trabajadora”[14]. La maquinaria era entonces un aspecto crucial del proceso de acumulación primitiva y de desposesión, mientras los capitalistas luchaban por superar y disciplinar un nuevo ejército industrial de fuerza de trabajo contra los viejos hábitos de solidaridad y vida comunal. Y la llave para la proliferación de la maquinaria como antagonista de la autoorganización de la clase trabajadora es la fuente de energía exosomática[15] requerida para hacerla funcionar.

Cuando nos alejamos y observamos el crecimiento del sistema capitalista a largo plazo desde una perspectiva termodinámica, vemos que el mismo siempre ha sido capaz de obtener cada vez más energía. El capitalismo es empujado hacia el crecimiento constante, y este crecimiento requiere aumentos en los ingresos de energía para sostener la continua expansión de la maquinaria utilizada para disciplinar y reemplazar trabajo humano vivo del proceso de producción. Esta dinámica se vuelve particularmente clara cuando consideramos la rápida y vigorosa industrialización que está tomando lugar en China, India y Brasil.

Marx distinguía entre “trabajo muerto” (maquinaria, computadoras, capital fijo o infraestructura) y “trabajo vivo” (humano) en el proceso de producción. El crecimiento del capitalismo ha creado cada vez más artefactos de trabajo muerto, y los ingresos globales de energía juegan un rol central para mantener en funcionamiento esta vasta variedad de maquinaria, sistemas de transporte, computadoras, luces y electricidad. Sin un flujo constante de energía la acumulación capitalista se pararía en seco.

La razón por la cual las arenas bituminosas y otras fuentes no convencionales de petróleo están siendo desarrolladas hoy en día es que nos encontramos en un punto de inflexión en el régimen de energía de combustibles fósiles del capitalismo. Con la depredación de las reservas convencionales a los largo del siglo XX, las arenas bituminosas de Alberta y Venezuela constituyen las reservas más significativas de energía en el planeta. Pueden ser turbias, sucias, tóxicas, y disruptivas con la vida humana y el medio natural, pero el capitalismo sólo se interesa por la generación de ganancias y por mantener el sistema económico funcionando. Desafortunadamente para el capitalismo, su conquista del mundo y la dominación de la clase trabajadora global que él mismo creó se ha sostenido durante largo tiempo a partir de la disponibilidad de fuentes de energía baratas que ahora están comenzando a agotarse. El capitalismo, con el propósito de mantener su crecimiento debe generar una transición hacia un nuevo régimen de energía que reemplace los combustibles fósiles. Pero no sólo necesita un nuevo régimen de energía, sino que necesita uno con un retorno de energía mayor que la invertida. Si falla en hacer esto, los crecientes costos de la energía y la declinación terminal en la disponibilidad de combustible fósil conducirán a una intensificación de la lucha de clases y la resistencia.

Las consecuencias de los aumentos en los precios del petróleo y el gas son sentidas inmediatamente por trabajadores y personas de bajos ingresos en la medida en que sus costos de subsistencia se incrementan directamente. Al aumentar el precio del petróleo, el costo del transporte hacia y desde el trabajo aumenta, como también lo hace el costo de los productos de la canasta básica producidos con fertilizantes sintéticos derivados de combustibles fósiles, y hechos y transportados por maquinarias alimentadas con petróleo. Los productos hechos a base de petróleo y gas natural son utilizados como materias primas en una amplia variedad de bienes de consumo, incluyendo ropa sintética y plásticos, y en un amplio rango de aplicaciones industriales así como para la generación de potencia. En consecuencia, siempre que ha habido una seria interrupción del abastecimiento de combustible o un marcado aumento en los costos del combustible fósil, los efectos han sido sentidos por la clase trabajadora y frecuentemente han derivado en protestas y resistencias.

Indudablemente entonces, el capitalismo ha dado un giro de 360º desde el punto en el que hace 500 años surgió como sistema económico explotador y ecológicamente destructivo, pero aún así increíblemente dinámico, en una pequeña isla de espaldas al sistema mundial. Sólo ahora, luego de que el capitalismo ha conquistado el globo, ayudado en gran parte por su apropiación de la energía de combustibles fósiles, la crisis ecológica que ha creado es de alcance global, y afectará al conjunto de la raza humana y el medio natural.

Con el pico de producción de petróleo el capitalismo enfrentará un punto de inflexión histórico. Sus nuevas estrategias de acumulación en el corto plazo se basarán en el aseguramiento de las declinantes fuentes de energía de alta calidad, muchas de las cuales se encuentran en Medio Oriente, así como también en grandes inversiones en arenas bituminosas, con la esperanza de encontrar algún adelanto tecnológico que alivie las constricciones termodinámicas y permita un crecimiento económico global continuado. El capitalismo, de sobrevivir, debe virar hacia alguna fuente de energía alternativa de una forma tan revolucionaria como fue su viraje de energías bióticas a combustibles fósiles. Esta fuente de energía no-carbónica debe ser barata, no contaminante, debe evitar contribuir al cambio climático, y ser capaz de integrarse con la infraestructura de distribución existente. Si el capitalismo no desarrolla tal fuente alternativa de energía a tiempo, podemos esperar una aceleración en el cambio climático en la medida en que se incremente el uso de petróleo de arenas bituminosas, el carbón y la biomasa en reemplazo de las declinantes reservas de petróleo y gas natural. Al mismo tiempo, la competencia internacional por las restantes reservas de petróleo se verá acelerada, y el dramático aumento del costo de vida seguramente lleve a una intensificación de la lucha de clases a nivel local, nacional e internacional.

Al madurar el capitalismo, y en la medida en que su maquinaria devore cada vez más energías no renovables, se alcanzará un punto de crisis cuando el capital ya no sea capaz de externalizar sus contradicciones. El famoso planteo de Rosa Luxemburgo acerca de la elección entre “socialismo o barbarie” nos recuerda que la derrota de la gran ola revolucionaria de su generación, que buscaba acabar con el capitalismo y transformar el destino de la especie humana, fue aún más significativa de lo que comúnmente se reconoce. El capitalismo, aunque fuera ahora derrocado y reemplazado por algún tipo de sistema socialista, dejará a sus herederos con ecosistemas potencialmente fatigados más allá de su recuperación, y con poco restante en términos de recursos de energía viable de baja entropía[16]. Si alguna futura sociedad socialista es llamada a construir el socialismo bajo condiciones de productividad declinantes y bajo constreñimientos de energía legados por el capitalismo industrial del siglo XX, las implicancias para la teoría y la práctica revolucionarias son significativas, y merecen ser puestas en el centro de la reconstitución del proyecto socialista. A fin de cuentas, hacerlo será necesario si la humanidad quiere evitar un tipo de barbarie aún peor que el del fascismo que destruyó las esperanzas revolucionarias de la generación de Rosa Luxemburgo.

[Descargar Panorama en pdf]

(*) Autor: Tom Keefer – tomkeefer@gmail.com Traducción: Observatorio Petrolero Sur En The Commoner. Número 13, invierno 2008-09. An energy crisis (among others) is in the air [Una crisis energética (entre otras) está en el aire]: http://www.commoner.org.uk/N13/01-Keefer.pdf

Referencias:

[1] [Nota del traductor] Las arenas bituminosas (o “de alquitrán” o “de petróleo”) se encuentran constituidas por una combinación de arcilla, arena, agua y bitumen. A diferencia de los pozos convencionales de petróleo, que son explotados a partir del bombeo de los pozos, las arenas bituminosas se extraen con técnicas de de minería superficial o reduciendo su viscosidad a partir de vapor o solventes. Luego deben ser procesadas por refinerías especiales para obtener productos derivados del petróleo.

[2] [Nota del traductor] La OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo) es una organización internacional cuyo propósito es la coordinación de políticas tendientes a defender los intereses de las naciones que explotan y exportan ese hidrocarburo.

[3] Ver Robert Brenner: “Agrarian Class Structure and Economic Development in Pre-Industrial Europe” [“Estructura de clases agraria y desarrollo económico en la Europa pre-industrial”] in Aston, T.H. and C. H. E. Philp, The Brenner Debate: Agrarian Class Structure and Economic Development in Pre-Industrial Europe. Cambridge: Cambridge University Press, 1995.

[4] [Nota del traductor] Pandemia de peste bubónica que asoló Europa en el siglo XIV. Diversas fuentes estiman la pérdida de entre un 30% y un 60% de la población del continente.

[5] [Nota del traductor] La invasión del Reino de Inglaterra por parte de Guillermo el Conquistador en 1066, Duque de Normandía, es considerada clave en el posterior desarrollo de la isla por los cambios culturales y políticos que introdujo. Entre otros se destacan la introducción de la aristocracia normanda -en desmedro de la influencia escandinava- y un nuevo sistema de gobierno, las modificaciones en el idioma inglés, y el inicio de la rivalidad franco-inglesa.

[6] [Nota del traductor] De acuerdo a Marx, durante la jornada laboral el obrero asalariado crea valor por encima del de su fuerza de trabajo, que es apropiado gratuitamente por el capitalista.

[7] [Nota del traductor] “Niveladores” y “Cavadores”, las fracciones más radicales de la Revolución Inglesa. Los primeros propugnaban la igualdad en términos de propiedad, libertad, e independencia, y la libertad religiosa. Los segundos se apoyaban en el comunalismo religioso para oponerse a la aplicación de los cercamientos de tierras, y organizarse en pequeñas comunidades rurales.

La Revolución Inglesa (1648-1660) constituye un hito en la historia moderna, ya que se presenta como una de las primeras victorias del creciente poder económico de la burguesía frente al feudalismo y el absolutismo monárquico.

[8] John Bellamy Foster, Marx’s Ecology: Materialism and Nature [La Ecología de Marx: materialismo y naturaleza] (New York: Monthly Review Press, 2000).

[9] Elmar Altvater, “Global Order and Nature” [“Orden global y naturaleza”] in Political Ecology: Global and Local, ed. Roger Keil, David V.J. Bell, Peter Penz, and Leesa Fawcett (New York: Routledge, 1998) p. 20.

[10] Altvater, p. 21

[11] Altvater, p. 21

[12] [Nota del traductor] “La producción del plusvalor absoluto consiste simplemente, por un lado, en la prolongación de la jornada laboral más allá de los límites del tiempo de trabajo necesario para la subsistencia del propio obrero, y por otro en la apropiación del plustrabajo por el capital”. Marx, Karl: El Capital. Tomo I: “El proceso de producción del capital”. Siglo XXI Editores, p. 617.

[13] Karl Marx, Capital Vol. 1, p. 562

[14] Karl Marx, p. 563

[15] [Nota del traductor] La energía exosomática es la que se genera transformando energía fuera del cuerpo humano

[16] [Nota del traductor] Hace referencia a recursos energéticos de alto rendimiento.

domingo, 21 de marzo de 2010

Debates - MÁS ALLÁ DE LA CRISIS ECONÓMICA: SUBSUNCIÓN REAL DE LA NATURALEZA AL CAPITAL Y CRISIS ECOLÓGICA por Ignacio Sabbatella

MÁS ALLÁ DE LA CRISIS ECONÓMICA: SUBSUNCIÓN REAL DE LA NATURALEZA AL CAPITAL Y CRISIS ECOLÓGICA

por Ignacio Sabbatella

Publicado en la Revista Iconos, Flacso Ecuador, Nº 36, enero 2010

Resumen

El presente artículo pretende indagar la crisis ecológica como una crisis estructural del modo de producción y reproducción capitalista, al mismo tiempo que propone líneas de reflexión para entender el modo en el cual se conjuga con las crisis económicas. A tal fin, se esgrimen las categorías que brinda el marxismo en su vertiente ecológica, no sólo para entender el surgimiento de la crisis de sobreproducción sino también de la crisis de subproducción. Asimismo, se plantea la incorporación del concepto de subsunción real de la naturaleza al capital con el objetivo de caracterizar el proceso creciente de apropiación capitalista del entorno natural y a la creación de una segunda naturaleza. Por último, se sugiere como corolario de la crisis ecológica el aumento de la desigualdad ambiental y, por ende, el incremento de la conflictividad ambiental.

Crisis económica – crisis ecológica - subproducción - subsunción real de la naturaleza al capital – desigualdad ambiental – conflicto ambiental


1. Introducción

Recesión, desocupación, baja de salarios. Degradación ambiental y agotamiento de bienes naturales[1]. Crisis económica y crisis ecológica. Cómo nunca antes en la historia de la humanidad se han conjugado estos dos tipos de crisis. La crisis económica capitalista no es una novedad en sí misma en su continuado ciclo de expansión – contracción, aunque sí su magnitud. Lo que resulta verdaderamente novedoso desde hace unas décadas es la experimentación de una crisis ecológica que llegó para quedarse y que año tras año se profundiza. Sin embargo, sus causas no suelen ser atribuidas al funcionamiento del sistema capitalista.
Durante la primera mitad de 2008 la crisis ecológica se tradujo en la subida exponencial de los precios del petróleo y de los alimentos. La cotización internacional del barril del petróleo traspasó los 100 dólares y alcanzó un máximo histórico de 147 dólares en el mes de julio. En tanto que la denominada crisis alimentaria agravó la situación mundial del hambre. La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) señala que “en el primer semestre de 2008 los precios internacionales en dólares de los cereales habían alcanzado sus niveles más altos en casi 30 años (...) Los precios de los alimentos eran un 40 % superiores a los valores de 2007 y un 76 % respecto a los de 2006 (...) la escalada de los precios de los alimentos empujó a unos 115 millones de personas al hambre crónica durante 2007 y 2008, lo cual significa que hoy en día viven en el mundo mil millones de personas hambrientas (FAO, 2009: 6).
Con todo, lejos de cuestionar la lógica mercantil subyacente, las recomendaciones que brindó la Conferencia de Alto Nivel sobre la Seguridad Alimentaria Mundial organizada por la FAO en Roma apuntaron al incremento de la productividad y de la producción. De modo que se instó a la comunidad internacional a que “intensifique la inversión en ciencia y tecnología para la alimentación y la agricultura” y “a continuar sus esfuerzos por liberalizar el comercio agrícola internacional reduciendo las barreras comerciales y las políticas que distorsionan los mercados” (FAO, 2008: 3). Mayor aplicación científica y tecnológica sobre la naturaleza y más mercado: las recetas propuestas no difieren de las causas de la enfermedad.
Al mismo tiempo, los efectos del cambio climático se hacen sentir con el aumento del calentamiento global, acompañado de fuertes sequías e inundaciones. Según la organización Global Humanitarian Forum para el año 2030 se espera que la vida de 660 millones de personas esté gravemente afectada, ya sea por desastres naturales causados por el cambio climático o por la degradación progresiva del medio ambiente (Global Humanitarian Forum, 2009: 12). A pesar de la creciente preocupación de las potencias mundiales por el cambio climático, no han hecho más que crear los derechos de emisión de CO2 a partir del Protocolo de Kyoto, generando una suerte de privatización de la atmósfera. En la actualidad el comercio de los créditos de carbono ascendió a 126.000 millones de dólares en 2008 y se espera que llegue a los 3,1 billones en 2020 (Friends of the Earth, 2009: 4).
Como si fuera poco, la crisis ecológica se evidencia también en el acelerado consumo de los bienes que provee la naturaleza. El informe Planeta Vivo de 2008 de la World Wide Fund For Nature (WWF) indica que en los últimos 35 años se ha perdido casi un tercio de la vida silvestre de nuestro planeta. Aún más impactante resulta el índice de huella ecológica, elaborado por la WWF, que mide la demanda de la población mundial sobre los recursos biológicos del planeta[2]. La demanda de la humanidad en 1961 era la mitad de la biocapacidad mundial, mientras que en 2005 la demanda excedía en casi un 30% esa capacidad. Es decir, que la huella ecológica aumentó más del doble en las últimas cuatro décadas y los pronósticos son menos alentadores ya que a mediados de la década de 2030 la demanda equivaldrá a la capacidad biológica de dos planetas Tierra (WWF, 2008: 2). La WWF atribuye los datos al crecimiento de la población mundial y de los niveles de consumo pero sólo explican una parte del problema y adopta una posición cercana al neo-malthusianismo.
La problemática ecológica envuelve aspectos económicos, sociales, culturales y políticos, de manera que requiere una visión totalizadora. Hoy, más que nunca, quedan expuestos los fundamentos del funcionamiento del modo de producción y reproducción capitalista como factores desencadenantes tanto de la crisis económica como de la crisis ecológica.
Para cuestionar estos fundamentos se hace necesario recuperar la crítica de las formas fetichizadas de la economía política que brindara la teoría marxista pero ahora enriquecida con los aportes del marxismo ecológico. No basta con el análisis de la relación capital – trabajo sino que se vuelve imprescindible incorporar una nueva mirada de la relación entre el hombre y la naturaleza y específicamente el modo en que el régimen capitalista de producción se apropia de su entorno natural.
Esta apropiación será entendida en términos de la subsunción real de la naturaleza al capital. Asimismo, evaluaremos de qué manera reaparece históricamente para el marxismo ecológico la crisis de subproducción unida a la crisis de sobreproducción característica del capitalismo. Por último, dejaremos algunas reflexiones en relación a las desigualdades ambientales y a los conflictos ambientales como consecuencias ineludibles de este sistema y sus crisis.

sábado, 19 de diciembre de 2009

Debates tras Copenhague - Declaración: Un mundo bajo amenaza

Un mundo bajo amenaza

Invitación para que las organizaciones de ustedes, en defensa de la tierra, se unan con las nuestras, en defensa de la humanidad


El capitalismo del siglo XXI, capitalismo salvaje, intolerante, prepotente y altamente destructivo, ha colocado al mundo en situación de emergencia.

La ofensiva macabra lanzada por Estados Unidos contra la libertad de los pueblos y de la naturaleza -aunque compartida por las oligarquías de todos los orígenes-, amenaza con colocar al mundo en una situación permanente de guerra; de insuficiencia alimentaria; de deforestación, desertificación y pérdida general de condiciones de vida.

Estados Unidos, con afán imperialista y contrainsurgente, está reforzando su red de bases, posiciones y operativos militares, pretendiendo controlar las movilizaciones populares y sancionar la calidad democrática o fallida de los gobiernos del mundo. El gobierno de Barack Obama no sólo mantiene sino que ha profundizado la ofensiva guerrera e intervencionista de sus predecesores.

Basta de barbarie. Hoy la vida debe ser restaurada.

Es necesario revertir estas tendencias predatorias y reconstruir la armonía con la naturaleza; detener la carrera del crecimiento que arrasa la vida y destruye las expectativas de bienestar de los pueblos; parar el saqueo de las megatransnacionales y sus socios menores; desmilitarizar la política y la cotidianidad; cambiar los patrones energéticos y los criterios de la producción: se debe producir para garantizar la vida y no vivir sólo para producir ganancias; recuperar la posibilidad de autodeterminarnos; organizarnos para vivir bien (para el buen vivir) y no para buscar un supuesto desarrollo que nos sume en el productivismo capitalista.

Defender la vida bajo todas sus formas reclama limitar el poder de los emisarios de la muerte. Es urgente organizarnos para crear YA el nuevo mundo que nuestras utopías han ido perfilando, aquel donde los pueblos y la naturaleza vuelvan a vivir en armonía, autogobernándose y decidiendo libremente sus formas de socialidad.

Luchadores por la democracia, pensadores críticos, libertarios, socialistas, movimientos sociales, ciudadanos concientes y pueblos del mundo estamos convocados, de manera perentoria, a levantarnos por la defensa implacable de la vida y la libertad; por la refundación de la sociedad de sociedades del planeta.

La Red de redes En Defensa de la Humanidad, con capítulos en Cuba, Venezuela, Bolivia y México, se une a las otras redes e iniciativas que están ahora en Copenhague y en otras partes del mundo luchando por detener este desastre y por construir un mundo libre de capitalismo, con justicia social y libertad, y se suma a la iniciativa de referéndum sobre cambio climático presentada por el presidente Evo Morales.


Red de intelectuales y artistas En Defensa de la Humanidad

Pablo González Casanova, Víctor Flores Olea, Gilberto López y Rivas, Ana Esther Ceceña



México: Ángel Guerra, Federico Álvarez, Francisco López Bárcenas, Carlos Fazio, Beatriz Stolowicz, Enrique Leff, John Saxe-Fernández, Ricardo Melgar Bao, José Francisco Gallardo, Camilo Pérez Bustillo, Magdalena Gómez, Isabel Sanginés, Alicia Castellanos, Marco Velázquez, Antonia Candela, Rebeca Peralta, Aldo Rabiela, Catalina Eibenschutz, Jorge Lora, Feliciano García, Víctor García Zapata, Luciano Concheiro, Nayar López, Guadalupe Guadarrama, María Atilano, Daniel Inclán

Bolivia: Alejandro Dausa, Oscar Vega, María Bolivia Rothe, Rafael Puente, Carmen Guardia, Hugo Moldiz, Claudio Rossell Arce, Oscar Silva Flores, Rosario Aquim, Ricardo Bajo, Remberto Cárdenas

Ecuador: Rafael Quintero López

Argentina: Gabriela Massuh

Uruguay: Raúl Zibechi,

Paraguay: Martín Almada, SERPAJ Paraguay,

Brasil: Carlos Walter Porto Gonçalves,

Perú: Javier Diez Canseco, Alfonso Cotera Fretel,

Chile: Marta Harnecker

Canadá: Miguel Lebowitz, Pierre Mouterde